El dar chamba, salió caro

En el ejercicio 2003, el crear empleos resultó contraproducente para los patrones que vieron incrementada su carga tributaria
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 .  (Foto: IDC online)

Recuerdo que en el año de 2003 abrí una papelería, afortunadamente la venta fue muy buena, lo cual me dio la pauta para que a mediados de año contratara a una chica que me ayudara a despachar, su sueldo era bajo, pero no fue objeción en la contratación pues se trataba de mi vecina.

En el mes de julio había que presentar la declaración por retenciones de salarios correspondiente al mes anterior; sin embargo, mi apreciable contador se encontraba de vacaciones con sus hijos, sin pensarlo dos veces, decidí realizar el cálculo del ISR del salario de mi empleada, del cual resultó crédito al salario (CAS), mismo que le entregué en efectivo y que por supuesto acredité en mi declaración provisional contra mi ISR propio; de esta manera fue como presenté dichas declaraciones ante el SAT.

Un mes después recibí una carta invitación por parte de la autoridad fiscal en la que me indicaba que revisara el acreditamiento que había realizado del CAS vs mi ISR en el mes de junio. Mi contador examinó el cálculo y me comentó que tenía que haber pagado el Impuesto Sustitutivo al Crédito al Salario (ISCAS) para poder llevar a cabo el acreditamiento del CAS, situación que se corrigió de inmediato.

Lo anterior provocó en mi cabeza dos reflexiones:

  • resulta más caro contratar a un trabajador por la carga tributaria
  • debo esperar a que mi contador realice los cálculos para cumplir con mis obligaciones fiscales

Afortunadamente, el ISCAS desapareció y sólo se mantuvo el CAS (actualmente subsidio para el empleo).