Dualidad: rigidez e informalidad

Necesitamos esquemas que faciliten el pago de impuestos, y en consecuencia, el acceso a la seguridad social de personas con bajos ingresos

Cerca de la mitad de la población económicamente activa se encuentra en el sector informal, incluso, según datos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), el 60% de los trabajadores agrícolas se encuentra empleado informalmente o trabaja por cuenta propia.

El sector informal está íntimamente vinculado con el no pago de impuestos que evidentemente afecta a los ingresos y gastos públicos, pero, en ocasiones existen microempresarios que han sido excluidos del sector formal, por lo que la informalidad constituye una estrategia para sobrevivir. Este fenómeno provoca que parte de la población no cuente con derechos de seguridad social.

¿Qué hacer ante esta situación? La respuesta es compleja, dado que muchos de los informales son demasiado pobres como para pagar impuestos, por lo que debe buscarse un equilibrio entre costo y beneficio.

Una forma de lograrlo son los regímenes simplificados para incorporar a pequeñas empresas, pero facilitando el cumplimiento de las obligaciones fiscales, y conceder servicios sociales a trabajadores formales e informales sobre una base más equitativa.

El desafío radica en evitar reforzar la división existente entre formalidad e informalidad, creada por un conjunto de derechos para los participantes en el sistema diferentes a los derechos de aquéllos que están fuera del esquema fiscal formal.

Ciertamente, una protección social universal puede incentivar el empleo informal, pero también puede contribuir a mejorar la productividad de un país mediante la promoción de la movilidad laboral, y un impacto positivo en reducir la pobreza y proteger a la población vulnerable. 

Fuente: El Economista, Sección Valores y Dinero, Edición del 13 de febrero de 2009