Efectos de la cuarta revolución industrial

Conoce cómo los avances científicos gestan cambios socio-económicos y laborales, por Ancelmo García Pineda asesor externo de la OIT.
 -  (Foto: Redacción)

El Foro Económico Mundial (FEM) que actualmente tiene su sede en la ciudad de Davos, Suiza tuvo sus orígenes a mediados de los años 70 del siglo XX como consecuencia de la reunión de diversos empresarios convocados por Klaus Schwab, su fundador y presidente ejecutivo.

Este año el foro tuvo como tópico principal en revisión y discusión la llamada cuarta revolución industrial o industria 4.0.

En más de 30 años este evento ha carecido de la participación de expertos, políticos y dueños de corporaciones, lo cual pone en duda la lucides del debate sostenido sobre el tema en análisis y da muestra de la escasez de ideas innovadoras.

Una de las críticas al FEM es la superficialidad de sus tesis; en lo baladí de su retórica y la falta de ejercicio de sus estrategias para formar sociedades más igualitarias, empleadoras y con justicia social. Por el fenómeno en comento subyacen objeciones sobre sus alcances, intenciones, límites y utilidad.

No obstante es importante conocer ciertos puntos clave respecto de sus repercusiones en los centros de trabajo, y así visualizar las medidas encaminadas a acrecentar los conocimientos y los objetivos en cuanto al empleo, la competitividad, los ingresos o la calidad de vida.

De ahí que en el presente trabajo se muestre en qué consiste la industria 4.0; el impacto de la misma en el aspecto laboral y educativo; cómo actúa el FEM para su entendimiento y las propuestas de los representantes sindicales sobre el particular.

Resultados de Davos

Derivado de la reunión del FEM llevada a cabo en enero de este año surgió el estudio denominado: Informe: industria 4.0 La revolución industrial actual, en el cual se establecieron los componentes de la cuarta revolución industrial; destacando la afirmación de que la producción fabril está a punto de vivir un cambio radical e impactante para el capital humano.

El término industria 4.0 se acuñó en Alemania desde 2011, con el objeto de aludir a la cuarta revolución industrial y a la informatización de la fabricación en la que se utiliza la inteligencia artificial (IA) conjuntamente con una serie de datos en tiempo real para aumentar la productividad y reducir los costos.

La aplicación de la IA permite la realización de tareas complejas por medio de maquinaria y sistemas de almacenamiento y producción que intercambian información e instrucciones sin necesidad de la intervención del hombre. Esto es así en razón de que se basa esencialmente en:

  • Internet o en dispositivos integrados con sistemas de tecnología de información a partir de sensores
  • redes esenciales para operar los referidos elementos y provocar el flujo de los datos
  • adelantos en el examen de las referencias a través de softwares de gran alcance capaces de procesarlas en tiempo real –Big Data.
    Este avance trae grandes beneficios para las empresas multinacionales, en virtud de que ofrece acceso instantáneo a las actualizaciones de la producción en las cadenas de suministro y permite una respuesta rápida ante las tendencias comerciales, planificando mejor según pronósticos y haciéndolos más precisos, y
  • evolución de la impresión tridimensional. Esta puede reducir drásticamente los costos de investigación y desarrollo, e incluso eliminar completamente la necesidad de contar con instalaciones de producción

El concepto de la industria 4.0 es de tal relevancia que se incluyó en los discursos del FEM, como se puede constatar en el de la canciller alemán Angela Merkel quien lo calificó como una nueva forma de abordar con rapidez la fusión de los mundos en línea y el relativo al de la producción industrial.

¿Revolucion industrial o tecnológica?

Si bien la definición de cuarta revolución industrial debe esclarecerse, para nadie es un secreto que este movimiento ha modificado el ámbito del trabajo de forma acelerada desde hace poco más de 30 años gracias a los progresos científicos, los materiales de vanguardia, las nuevas formas de organización laboral y los renovados esquemas de productividad y competitividad entre las naciones.

El Informe: industria 4.0 asegura que la automatización puede causar la pérdida de al menos siete millones de empleos en los próximos cinco años y que el desarrollo en las áreas de inteligencia artificial, robótica, nanotecnología e impresión en tercera dimensión convertirá a algunas tareas en superficiales e innecesarias (el área más afectada por el detrimento en comento es la administrativa –casi las dos terceras partes del mercado laboral–).

Ante ello algunos economistas advierten que ese quebranto se compensará con la creación de otros dos millones de nuevas fuentes laborales en las áreas de computación, ingeniería, arquitectura y matemáticas.

En el estudio Los desafíos de la cuarta revolución industrial analizado en Davos se precisa que la pérdida de trabajos afectará casi en el mismo grado a mujeres –48 %– y a hombres –52 %–. Precisando que por cada cinco oficios que dejen de existir para ellas, solo se creará uno; mientras que por tres desaparecidos para los varones surgirá la misma unidad.

Cabe señalar que el citado análisis se basó en entrevistas practicadas a directores de recursos humanos de 15 países que cuentan con el 65 % del mercado laboral mundial, por ese motivo Klaus Schwab manifiesta que: “Sin una acción urgente y específica para organizar la transición y contar con trabajadores con la formación necesaria, los gobiernos tendrán que lidiar con más desempleo y más desigualdad”.

Para Klaus Schwab el problema es que ni los gobiernos, ni la sociedad civil son capaces de paliar los desarreglos económicos que ocasionará este cambio y de enfrentar las consecuencias financieras, políticas y sociales a nivel internacional.

Adicionalmente los dirigentes del FEM alegaron que la interconexión creciente de la economía mundial conducirá inevitablemente hacia la multicitada cuarta revolución industrial con resultados incontrolables.

La industria 4.0 provocará una revolución social y tecnológica a la vez; en virtud de que los cambios en la fabricación requerirán un esfuerzo importante y en las políticas activas de la oferta de trabajo para crear distintas funciones, por ende es evidente la necesidad de reforzar la responsabilidad de las compañías multinacionales mediante de sus cadenas de suministro globales.

Impacto de la cuarta revolución industrial en el empleo

Desafortunadamente en el FEM se delineó un panomara negro para este rubro motivado primordialmente por el uso de robots inteligentes. Esto conforme al trabajo titulado: El futuro de los empleos y las habilidades elaborado por el Global Agenda Council on the Future of Jobs y el Global Agenda Council on Gender Parity, así como otra investigación relativa a los androides en los que se vaticina la pérdida de por lo menos cinco millones de ocupaciones en el planeta dentro de cinco años, que se desprenden de la introducción ese tipo de elementos en los procesos de producción.

Basta como prueba la presentación realizada por la empresa suiza ABB de un equipo autómata capaz de servir té y café, al que denominan como el primer robot colaborativo que a partir de sus sensores le es posible interactuar de forma segura con los humanos siendo innecesario que la personas provean esos satisfactores, pues el dispositivo referido con sus dos manos artificiales se encarga de tal acción.

Los estudios indican que el 65 % de los niños ingresados hoy a la educación elemental desempeñarán en el futuro tareas inexistentes actualmente.

Por eso es que se hace hincapié en que las corporaciones y los Estados tomen más en cuenta a los responsables de los recursos humanos para apoyarlos en la capacitación y la transformación de los trabajos con tendencia a desaparecer para ser sustituidos por los surgidos de la nueva revolución industrial.

Educación: indispensable para fortalecer el empleo

Es inminente que este ámbito evolucione en todos los niveles con el objeto de estar a la altura de la variación drástica en el empleo.

En el contexto del FEM se asevera que en las naciones con una población envejecida no tiene sentido la existencia del aprendizaje durante toda la vida; lo indispensable es reeducar al capital humano en las habilidades requeridas para el futuro y lograr la colaboración de los gobiernos con los patrones.

¿Cuál es la formación profesional demandada para el futuro?

En toda la Unión Europea (UE) existe un consenso muy extendido sobre la importancia de la formación profesional continua, reclamando que sea atractiva, integradora, accesible y flexible; no obstante se reconoce que la misma no termina de convertirse en una opción atractiva para los patrones y sus subordinados.

El objetivo de las naciones del viejo continente es que el 15 % de los trabajadores participen en actividades formativas en 2020 –en términos de media mensual–, pero esto está muy lejano si se toma en cuenta que en 2012 la cifra fue del 9 %.

La Encuesta de Formación Profesional Continua muestra que en 2010 en los Estados de la UE el 38 % de los colaboradores realizaron algún curso de formación continua y un 20 % recibió adiestramiento orientado hacia el cargo que ocupa. Estos datos no ocultan el hecho de que la mayor parte del aprendizaje es informal.

Esta información es un buen punto de partida para mostrar que la realidad es aún más compleja, pues el tamaño de las organizaciones en cada país es determinante. Ello porque exclusivamente el 25 % de quienes laboran en los centros de labores pequeños –con menos de 25 trabajadores–, toman capacitación. Este porcentaje crece hasta el 46 % en el caso de patrones con más de 250 colaboradores.

No obstante es innegable que la preparación es indispensable, hasta el punto de que un 83 % del personal acepta que las habilidades requeridas en el puesto para el que fueron contratados se han visto desbordadas y un 85 % indica que, con el tiempo, su empleo se ha tornado más diversificado y difícil.

¿Es el FEM un verdadero instrumento de solución?

Lo anterior obliga a reflexionar sobre qué intereses atiende de verdad el  FEM, así como a interpretar los mensajes derivados de este para determinar si efectivamente es representativo y responsable ante la sociedad.

Se afirma que la misión de este organismo consiste en mejorar el estado del mundo, en desarrollar agendas globales, regionales e industriales, erigiéndose como garante ante todos los sectores de la sociedad, presumiendo que combina y armoniza lo mejor de muchos tipos de entidades, tanto del sector público como privado, organizaciones internacionales e instituciones académicas.

Su junta directiva se compone de 2,500 personas, entre las cuales 40 son jefes de Estado. De las estadísticas del FEM se desprende que la asistencia a los últimos trabajos en Davos fue dominado por hombres (83 %), procedentes de Europa y los Estados Unidos (75 %) principalmente.

Sin embargo se debe subrayar que sus miembros permanentes son exclusivamente mil personas de las corporaciones con más extensión del orbe, que en su mayoría facturan al año más de 5,000 millones de dólares.

De esta suerte el Transnational Institute –fundado en 1974 como parte del programa internacional del Institute of Policy Studies de Washington DC–, en su reciente análisis encauzado a entender mejor al FEM, revisó si las 24 personas que integran la directiva encargada de proteger la misión y los valores del Foro cumplen con su encargo. Dicho tema reveló lo siguiente:

  • solo seis de los 24 integrantes son mujeres
  • 16 son de norteamérica y Europa y ninguno procede de África
  • seis son directivos empresariales
  • en cuanto a su trayectoria laboral, 16 personas cuentan con experiencia en grandes agrupaciones, y
  • respecto de su formación profesional 22 asistieron a la universidad en los Estados Unidos o Europa de los cuales 10 se matricularon en Harvard

Es viable decir que el órgano de gobierno en cita únicamente cuenta con un representante de la sociedad civil –Peter Maurer de la Cruz Roja–, y sin ningún portavoz de los sindicatos, las entidades del sector público, los grupos de derechos humanos, las organizaciones campesinas o indígenas, los estudiantes o los jóvenes.

Si se examina con mayor detalle la trayectoria de algunas de las personas que forman la junta directiva del FEM también se constata una alta incidencia de un estrecho pensamiento ideológico y de conflictos de interés. Varios de ellos son directivos de compañías con un largo historial de abusos sociales y ambientales, lo cual siembra dudas respecto de su tarea de promover una verdadera ciudadanía global.

Con la finalidad de ejemplificar lo anterior sirvan los siguientes casos:

  • Peter Brabeck-Letmathe, presidente de Nestlé es conocido por tildar de posición extrema el derecho humano al agua. La corporación tiene un polémico antecedente en el sector del embotellamiento del líquido vital, la comercialización de sustitutos de la leche materna y el trabajo infantil en plantaciones de cacao en Costa de Marfil
  • Christine Lagarde, titular del Fondo Monetario Internacional actualmente está acusada por los tribunales franceses de negligencia por su papel en un acuerdo de arbitraje cerrado en 2008, por un monto de 403 millones de euros a favor del empresario Bernard Tapie, o
  • Heiko Takenaka, director del Instituto de Investigación para la Seguridad Global de la Universidad de Keio, en Japón, quien ha enfrentado una importante controversia política por su plan de privatización de los servicios postales y por alternar su permiso de residencia entre el citado país y los Estados Unidos para evitar pagar el impuesto sobre la renta

Como se observa la junta directiva del FEM refleja, en cierto sentido, la manera en que esos sujetos desean que funcione el mundo, es decir regido por un pequeño grupo de líderes de corporaciones –hombres en su mayoría– con la misma educación y visión ideológica, y con la comparsa de diversos actores no empresariales para dar a sus acciones una pátina de legitimidad.

Al FEM le gusta ostentarse como un actor preocupado por la situación internacional, consternado por la desigualdad creciente y comprometido con la construcción de una globalización progresiva. Sin embargo, el hecho de que su propia estructura esté dominada por los empresarios más ricos del mundo, empecinados en minimizar las regulaciones para maximizar las ganancias de sus organizaciones, plantea serias dudas sobre los intereses a los que realmente sirven.

Aportación de los sindicatos internacionales

Es relevante mencionar algunas de las acciones ejecutadas por esos entes, consistentes en elaborar diversos estudios y ensayos enfocados a mejorar las condiciones de trabajo en las empresas globales y alejarlas cada vez más de la precarización del trabajo y la inestabilidad laboral.

Un reporte reciente la Confederación Sindical Internacional (CSI) reveló que las 50 mayores multinacionales emplean de forma directa a exclusivamente el 6 % de su fuerza de trabajo. El 94 % o 116 millones de personas prestan sus servicios exclusivamente a sus proveedores y subcontratistas, a menudo en malas condiciones.

Sharan Burrow de la CSI, en su carácter de co-presidenta del FEM resumió sus pensamientos sobre el cambio climático y el desarrollo sostenible al expresar: “necesitamos un cambio profundo en la producción de energía, pero la transformación industrial tiene que incluir una transición justa para los trabajadores y trabajadoras”.

No sabemos todavía cuál será el impacto verdadero dice Christian Brunkhorst de IG Metall, sindicato alemán afiliado a IndustriALL, quien se refirió a este punto en la reciente reunión del grupo de trabajo del sector automotriz llevada a cabo en Toronto. Asimismo añadió: “Si bien puede haber algunas mejoras ergonómicas para los trabajadores a medida que tareas repetitivas o difíciles son asumidas por los robots, los trabajadores tendrán que adquirir rápidamente nuevas habilidades para mantenerse al día con las fábricas inteligentes”.

En el sector automotriz, no solamente los modos de producción se hacen inteligentes, sino igualmente los vehículos conectados y autónomos pueden volver a transformar la industria y la conducción en sí.

“Es posible que se creen muchos nuevos puestos de trabajo altamente calificados en las áreas de planificación, configuración y mantenimiento de las nuevas tecnologías, pero los trabajadores poco calificados podrían salir perdiendo”, dice Brunkhorst.

De acuerdo con lo anterior la tecnología puede provocar mayor control y supervisión de la conducta y rendimiento de la plantilla laboral.

Ni puede desdeñarse que el 60 % o el 80 % del comercio depende de las cadenas de suministro globales. Los entes lo saben, están presidiendo un modelo de salarios de pobreza y de inseguridad laboral violatoria de los derechos fundamentales de los trabajadores.

Eso es un escándalo que la tecnología no puede solucionar, pues los gobiernos y los grandes corporativos no actúan para ello.

De ahí que según las organizaciones sindicales internacionales a efectos de atenuar los resultados negativos de la industria 4.0 las principales acciones son:

  • gastar en empleos y oportunidades de trabajo sustentables y decentes para reducir las emisiones contaminantes y ayudar a las comunidades a adaptarse al cambio climático
  • respetar la contribución aportada por el personal de las industrias de combustibles fósiles a la prosperidad de hoy y proporcionar apoyo a los ingresos, el reciclaje y la redistribución de coyunturas incluso a las pensiones seguras para los colaboradores de más edad
  • garantizar la protección social y los derechos humanos
  • invertir en la renovación de la comunidad con el objeto de crear esperanza y confianza de las regiones y municipios en la vanguardia de la transición energética, la transformación industrial o los impactos meteorológicos, y
  • apoyar la innovación y el intercambio de la tecnología que permita una rápida mutación de la energía y la manufactura de las empresas, junto con todos los demás sectores de la economía y la participación del capital humano y las comunidades

Debe considerarse que este es el reto más importante al que el mundo se enfrentará en los próximos 30 años, pero se debe empezar ahora.

Conclusión

Los gobiernos deben establecer instituciones competentes para tomar decisiones cuando los desafíos que enfrenten sean más complejos y de rápido movimiento; demostrar a los ciudadanos la posibilidad de obtener un trabajo digno, seguro, un salario justo y garantizar la protección social que incluya los servicios fundamentales para ellos y sus hijos.

Se observan niveles récord de desigualdad y si se permite que esta cultura del exceso prospere, en la cuarta revolución industrial solo saldrá ganador el 1 % de la población.

Tampoco pueden existir economías donde a los refugiados se les niegue el derecho a un abrigo seguro o en las que su capital humano se sienta cada vez más vulnerable.

Entonces, el éxito de la industria 4.0 requiere de Estados dispuestos a mostrar liderazgo al establecer objetivos ambiciosos, así como del compromiso de las compañías, los trabajadores, los sindicatos y la sociedad civil para apoyar la transformación.

Dicha transición implica sostener un diálogo y la comprensión de las diferentes necesidades en todos los niveles; complementándose con los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos por la Organización de las Naciones Unidas para el desarrollo inclusivo integrado. Esto es que la industria 4.0 sea acompañada de:

  • empleos de calidad
  • mejora de las competencias
  • inclusión social, y
  • un mercado laboral más fuerte