#VideoIDC A un siglo de la inclusión laboral femenina, ¿hay avance?

Las trayectorias salariales y la ausencia del género femenino en altos cargos derivan en que sus aportaciones a los fondos de retiro sean menores y en consecuencia, tengan pensiones precarias
 (Foto: Cuartoscuro)  (Foto: Redacción)

Desde la segunda guerra mundial, las mujeres se abren paso, cada vez más dentro del ámbito laboral y a pesar de que las legislaciones avanzan con la finalidad de eliminar obstáculos, las trabajadoras mexicanas aún se enfrentan a una serie de tipos de discriminación que no les permiten tener igualdad de oportunidades frente a sus pares varones.

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De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2017, el 43% de las mujeres es económicamente activa, de las cuales 19.9 millones cuenta con un trabajo formal, es decir, está ocupada; mientras que el resto se dedica a actividades en las que no cuenta con los elementos básicos del trabajo, como seguridad social, prestaciones e incluso un contrato –subocupada- o no realiza ningún tipo de actividad económica.

Sin embargo, en el estudio anterior y de acuerdo a su metodología, no se toman en cuenta a las personas que “no presionan activamente en el mercado laboral porque ellas mismas consideran que ya no tienen oportunidad alguna de competir en él (mujeres que por dedicarse al hogar no han acumulado experiencia laboral, personas maduras y de la tercera edad, etc.)”.



Desde la oferta de trabajo, las mujeres llevan desventaja, la segregación ocupacional parte desde la idea de que en la distribución del trabajo doméstico son ellas quienes cargan con la mayor parte, lo que además, según el informe “Género, trabajo y exclusión social en México” impide que tengan acceso a recursos sociales básicos.

Las ofertas están clasificadas, puestos en los que uno de los requisitos indispensable es que sea un hombre y aquellos exclusivos para mujeres piden “excelente presentación”, independientemente de que las actividades no dependan de la imagen de la persona que las realice.

La directora de Promoción de la Cultura y No Discriminación del Consejo Nacional para prevenir la discriminación (Conapred), Marta Ferreyra detalló que “esta división sexual del trabajo establece muchas tareas, acciones y actividades que se consideran propia de los hombres y de las mujeres”

Explicó que la primera de estas separaciones tiene que ver con la fuerza que tiene el orden de género, es decir ciertos trabajos que no son apropiados para los hombres o para las mujeres:

• Fuerza para el género masculino (defensa, seguridad, curación)

• Cuidado para el femenino (educación, enfermería)

“El artículo 1° de constitución marca claramente que no puede haber ningún tipo de discriminación, por ninguna razón no solo por razones de género, pero que los hombres y las mujeres en este país, somos iguales y tenemos derechos iguales, pero el uso y la práctica que tienen que ver con las dinámicas sociales, marcan otras cosas y entre otras cosas está la discriminación” destacó.

Además, de acuerdo con ONU Mujeres, son pocos los espacios que brindan facilidades que permitan a las empleadas tener equilibrio entre sus responsabilidades profesionales y familiares, lo que genera altas tasas de informalidad para la fuerza laboral femenina, sueldos precarios, diferencias en horas laborales remuneradas o no remuneradas y la discriminación en la contratación y ascensos.

Una vez contratadas, las mexicanas no tienen mejor suerte, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) las mujeres a nivel mundial ganan 34% menos que los hombres aun cuando realicen el mismo trabajo y tengan el mismo horario.

Asimismo, menos del 10% de los puestos en consejos administrativos mexicanos están ocupados por mujeres, un nivel bajo en comparación con los 35 países que componen dicha organización.

Aunado a lo anterior, en nuestro país se registran al menos 25,000 casos al año de hostigamiento sexual contra las mujeres en su lugar de trabajo.

Las trayectorias salariales y la ausencia del género femenino en altos cargos derivan en que sus aportaciones a los fondos de retiro sean menores y en consecuencia, un retiro con cuotas de seguridad social más altas y una pensión que oscila entre los 2,000 y 6,000 generalmente.

Y pese a lo anterior, las mujeres encabezan 47% de las familias en nuestro país; “las mujeres se han incorporado de manera importante al mercado laboral, un número importante ya se percibe como cabeza de familia o como sostenimiento del hogar, pero en condiciones desiguales con respecto a los hombres”, informó la Cámara de Diputados en un comunicado.

Para lograr a la igualdad laboral entre hombres y mujeres, según la ONU tendrían que pasar al menos 80 años, para la salarial 75, pero para que hombres y mujeres tengamos el mismo trato y oportunidades no hay una estimación de tiempo pese a los progresos en las legislaciones y las instituciones.

La Conapred coincide, Ferreyra afirmó es necesario que nos convirtamos en un país inclusivo, no solamente en género, sino dar un ejemplo en la incorporación de espacios contra la discriminación.