Cultura de la prevención

Cultura de la prevención
 .  (Foto: IDC online)

10 años de seguridad e higiene

Sin duda, las condiciones globales del área de trabajo y del medio ambiente se han mejorado con el uso de sistemas de gestión y seguridad integral en los últimos años.

Cuando hablamos de seguridad e higiene, por lo regular, nos viene a la mente un regimiento de hombres ataviados con pesados respiradores, máscaras, cascos, ropa de asbesto y grandes botas, luchando contra grandes llamas o sumergidos en atmósferas tóxicas. En realidad, no se trata sólo de estar protegido contra eventos de gran magnitud, como el derramamiento del buque petrolero Edson Valdés, las explosiones de San Juanico y Chernobyl, o el incendio del Lobo-hombo; sino de crear una cultura de prevención y pronóstico de eventualidades del día a día, bajo la premisa de que no es factible acabar con los accidentes de trabajo, pero sí existe la posibilidad de crear condiciones para reducirlos.

La pirámide del comportamiento mundial nos indica que por cada lesión grave que se suscita en el lugar de trabajo ocurren 10 lesiones menores, 30 accidentes con daño a la propiedad del negocio y, al menos, 600 incidentes sin lesión o daño visible. ?Para desgracia de los trabajadores, en época de recortes económicos, los patrones optan por reducir, en primera instancia, los gastos en seguridad, pues no lo visualizan como un elemento tangible de la producción; sin embargo, a la larga, la ausencia de éste significa mayores pérdidas?, subraya Jorge Suárez Peredo, asesor ejecutivo del Instituto Internacional de Administración de Riesgos (IIAR).

Las cifras de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) indican que ha existido un avance sustantivo en los últimos 10 años, pues la incidencia de accidentes y enfermedades de trabajo entre 1993 y el año 2003 se redujo de 5 a 2.3%, al pasar de 482,200 riesgos de trabajo por cada 100 trabajadores a 286,336. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima pérdidas de 3 a 11% del Producto Interno Bruto (PIB) de los países, por riesgos y accidentes laborales. Su efecto en México llega a representar pérdidas por 30,000 mdp al año, en los que se incluyen los costos directos que absorbe el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), por medio de incapacidades totales y permanentes, pensiones y gastos médicos.

Como en muchos otros frentes, la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994 fue el detonante para la evolución del segmento de la seguridad e higiene dentro de la industria mexicana. Antes de éste, algunas de las normas en la materia no habían sido actualizadas desde 1975. A lo largo de esta actual ha sido una discusión constante la homologación de diversos lineamientos, vigentes en los tres países del área, y su aplicación en el mercado de los equipos de protección personal.

Tanto en Estados Unidos, como en México y Canadá, este tema ocupa un lugar preponderante en la agenda: producir más y de forma más eficiente y, a su vez, brindar los elementos para la seguridad integral del trabajador, la satisfacción del patrón y la constante supervisión de las autoridades. Es claro que la planta productiva nacional no podría competir en el mundo globalizado sin cumplir con los lineamientos en seguridad e higiene.

El Reglamento Federal de Seguridad e Higiene en el Trabajo es el alma mater de donde se derivan todas las regulaciones en nuestro país. En la actualidad, la tutela de la mecánica y dinámica de la legislación vigente corresponde a la STPS; a la par, coexisten los Comités Nacionales de Normalización, con la participación de autoridades, empleadores y especialistas, bajo cuyo análisis se crean, modifican y establecen las normas como la Norma Oficial Mexicana (NOM), de cumplimiento obligatorio, y las Normas Mexicanas de Referencia (NMR), de cumplimiento sugerido.

¿Prioridad o moda?

Apenas hace unos años, el escenario de la seguridad e higiene se remitía sólo al departamento de mantenimiento, donde los encargados de reparar tuberías o los soldadores fueron los primeros en utilizar algún tipo de equipo apropiado para realizar su trabajo, como caretas, guantes de carnaza y botas antiderrapantes. Hoy, en muchas empresas existe un área especializada en seguridad e higiene (o, al menos, una de las dos), que se encarga del cumplimiento de la norma y que, en algunos casos, cuenta con personal especializado en medicina del trabajo (como en la industria cementera); incluso algunas escuelas de educación superior ofrecen la carrera de Técnico en Seguridad Industrial (TSI).

Iceberg de costos generados por los accidentes
Imagen El principal cambio en los últimos 10 años ha sido el avance de la educación en la planta, entre patrones y usuarios; los primeros un tanto por obligación y los segundos con mayor conciencia de acatar su trabajo de forma responsable?, señala Rodney Culwell, vicepresidente de ventas para Latinoamérica y el Caribe de Bacou-Dalloz, fabricante francés de equipo de protección personal, con presencia en México con una planta maquiladora en Tijuana.

A su vez, Manuel Rendón, gerente nacional de ventas de la Proveedora de Seguridad Industrial del Golfo (Vallen Proveedora), con sede en Tampico, opina que ?el mercado local se ha transformado debido a la aplicación de estándares internacionales como requisito del TLCAN, el establecimiento acelerado de empresas transnacionales, el nacimiento de firmas mexicanas dedicadas a la distribución de equipos y prestación de servicios dentro de la industria, y la mayor sensibilización del empresariado?.

?Hasta hace poco tiempo ?indica Victoriano Angüis, director general del Instituto de Seguridad Ocupacional e Higiene (ISOH) México? los patrones veían a las normas como un gran obstáculo y a las autoridades como el principal freno para su negocio; sin embargo, durante los últimos años, la aplicación constante de la normatividad ha permitido a los industriales concretar beneficios directos para su empresa, como la mejora interna de sus procesos productivos, y otros indirectos, como la reducción de pago de primas de riesgos al IMSS?.

A nivel internacional, los esfuerzos en materia de seguridad e higiene avalados por la OIT han evolucionado de una fase primaria, enfocada a suministrar la protección y los equipos, hacia una etapa que comprende la reingeniería total de procesos, que a la postre permita mejorar las condiciones globales del área de trabajo y del medio ambiente, bajo el concepto de sistemas de gestión y seguridad integral. ?Para que la seguridad funcione en el piso de planta deben cumplirse tres factores: equipo, capacitación y sistemas; de fallar uno, todo los demás fracasan?, apunta Suárez Peredo.

Normas oficiales mexicanas en seguridad e higiene

NOM-001-STPS-1999 Condiciones de seguridad e higiene en edificios, locales, instalaciones y áreas de los centros de trabajo
NOM-002-STPS-2000 Prevención, protección y combate de incendios
NOM-003-STPS-1999 Actividades agrícolas ? uso de insumos fitosanitarios o plaguicidas e insumos de nutrición vegetal o fertilizantes
NOM-004-STPS-1999 Sistemas de protección y dispositivos de seguridad en la maquinaria y equipo
NOM-005-STPS-1998 Manejo, transporte y almacenamiento de sustancias químicas peligrosas
NOM-006-STPS-2000 Manejo y almacenamiento de materiales
NOM-007-STPS-2000 Actividades agrícolas ? instalaciones, maquinaria, equipos y herramientas
NOM-008-STPS-2001 Actividades de aprovechamiento forestal maderable y de aserraderos
NOM-009-STPS-1999 Equipo suspendido de acceso - instalación, operación y mantenimiento
NOM-010-STPS-1999 Manejo, transporte, proceso y almacenamiento de sustancias químicas
NOM-011-STPS-2001 Ruido
NOM-012-STPS-1999 Fuentes de radiaciones ionizantes
NOM-013-STPS-1993 Radiaciones electromagnéticas no ionizantes
NOM-014-STPS-2000 Exposición laboral a presiones ambientales anormales
NOM-015-STPS-2001 Condiciones térmicas elevadas o abatidas
NOM-016-STPS-2001 Operación y mantenimiento de ferrocarriles
NOM-017-STPS-2001 Equipo de protección personal ? selección, uso y manejo
NOM-018-STPS-2000 Sistema para la identificación y comunicación de peligros y riesgos por sustancias químicas peligrosas
NOM-019-STPS-1993 Constitución y funcionamiento de las comisiones de seguridad e higiene
NOM-020-STPS-2002 Recipientes sujetos a presión y calderas
NOM-021-STPS-1993 Requerimientos y características de los informes de los riesgos de trabajo
NOM-022-STPS-1999 Electricidad estática en los centros de trabajo
NOM-024-STPS-2001 Vibraciones
NOM-025-STPS-1999 Iluminación en los centros de trabajo
NOM-026-STPS-1998 Colores y señales de identificación de riesgos por fluidos conducidos en tuberías
NOM-027-STPS-2000 Soldadura y corte
NOM-100-STPS-1994 Seguridad ? extintores contra incendio a base de polvo químico seco con presión contenida
NOM-101-STPS-1994 Seguridad ? extintores a base de espuma química
NOM-102-STPS-1994 Seguridad ? extintores contra incendio a base de bióxido de carbono
NOM-103-STPS-1994 Seguridad ? extintores contra incendio a base de agua con presión contenida
NOM-104-STPS-2001 Agentes extintores - polvo químico seco ABC a base de fosfato monoamónico
NOM-106-STPS-1994 Seguridad ? agentes extinguidores ? polvo químico seco tipo BC, a base de bicarbonato de sodio
NOM-113-STPS-1994 Calzado de protección
NOM-115-STPS-1994 Cascos de protección ? especificaciones ? métodos de prueba y clasificación
NOM-116-STPS-1994 Seguridad ? respiradores purificadores de aire contra partículas nocivas
NOM-121-STPS-1996 Seguridad e higiene para los trabajos que se realicen en las minas

Fuente : Secretaría del Trabajo y Previsión Social

Sin embargo, según las estimaciones de los expertos, a pesar de la creciente ola de adopción de medidas a favor de la seguridad industrial, aún a la fecha, nueve de cada 10 empresas mexicanas de todos tamaños carecen de esquemas serios en materia de seguridad e higiene. Las cifras son reveladoras: anualmente el IMSS reporta, al menos, 5,000 casos de enfermedades de tipo profesional o de trabajo, como pérdida de visión o audición, padecimiento de pulmones o vías respiratorias y detección de cáncer, entre otros. Otros 60,000 casos esperan el dictamen de las autoridades competentes, y un número indeterminado de trabajadores afectados no acude a las instancias médicas por ignorancia o conformismo.

Según estimaciones reconocidas dentro de la industria, por cada peso que se invierte en seguridad, la empresa ahorra cinco pesos en accidentes, lesiones o incidentes. En sentido inverso, por cada peso que se paga como producto de una lesión o enfermedad de trabajo, la empresa pierde de cinco a 50 pesos por gastos asociados al daño al patrimonio del negocio.

Uno de los recientes problemas que ha enfrentado este sector ha sido la parálisis de la Asociación Mexicana de Higiene y Seguridad (AMHSAC), organismo fundado en 1943 (que en su mejor momento llegó a representar a 2,000 compañías y dos millones de trabajadores), cuyo papel a lo largo de seis décadas había sido dar un espacio de participación al sector empresarial mexicano. A la fecha, este organismo busca su renacimiento, mientras que, a la par, surgieron otras agrupaciones con similares objetivos, como la IIAR, la Asociación Mexicana de Higiene Industrial (AMHI), la ISHO de México, la Asociación Mexicana Intercontinental de Seguridad e Higiene, y la Asociación Latinoamericana de Seguridad e Higiene en el Trabajo, cuya labor es darle coherencia a los esfuerzos para legislar, normalizar, oficializar y difundir los conocimientos en la materia.

?A pesar de que hoy existe un trabajo proactivo entre trabajadores, autoridades y empleadores, enmarcado en la nueva cultura laboral, que apunta hacia escenarios de seguridad integral en la planta industrial mexicana, los problemas de la AMHSAC han paralizado buena parte de la actividad, quedando sin efecto la organización del 40 Congreso Nacional de Seguridad?, reconoce Angüis.

Los bemoles del progreso Los expertos coinciden en que en nuestro país no todos los segmentos productivos aplican los criterios de seguridad e higiene bajo prioridades similares, pues algunas industrias, como la petroquímica, electrónica, de aviación, automotriz, de electromanufactura o minera, se han distinguido recientemente en cuanto a sus bajos índices de accidentes, mientras que industrias como la de la construcción han quedado en un rezago total.

Para Culwell, el mercado mexicano presenta las dos caras de la moneda: ?Mientras por un lado existen sectores como el del cemento, ?con empresas como Apasco, Cemex o Moctezuma?, o el petroquímico ?con Petróleos Mexicanos (Pemex)?, que cuentan con una cultura sólida en seguridad e invierten fuertes sumas en capacitación, entrenamiento y equipo, por otro lado están los sectores maquilador y de la construcción, que se mantienen por debajo de los estándares mínimos, lo cual representa un gran peligro para su personal?.

A decir de Ricardo Aguiar, presidente de la AMHI, además de los sectores mencionados, el farmacéutico y el de alimentos y bebidas cumplen con los requisitos mínimos de seguridad, basados en una cultura de auditoría corporativa permanente. ?Por desgracia , dice, aunque existen muchas industrias transnacionales que exceden el cumplimiento de la norma, con una visión no sólo de verificar lo mínimo, sino de cuidar la vida de los trabajadores y el patrimonio de la empresa, existen algunas industrias de menor tamaño que manejan sustancias muy peligrosas y que no cuentan con elementos mínimos de seguridad, lo que al final convierten a los trabajadores en víctimas de los procesos.?

El que la hace ¿la paga? Corresponde a la STPS mantener actualizado el marco normativo de la seguridad y la salud en el trabajo. ?En 1997, a instancias de esta secretaría, se emitió el Reglamento Federal de Seguridad, Higiene y Medio Ambiente de Trabajo que permitió unificar las disposiciones de seis reglamentos, algunos de ellos con más de 60 años de vigencia. Paralelamente, se realizó la simplificación de los trámites burocráticos, a los que se sometía a patrones para cumplir la normatividad, que se redujeron de 36 a sólo uno, y la disminución de las NOMs de carácter obligatorio, que de 122 pasaron a ser 36 disposiciones para así facilitar su conocimiento y manejo por empresarios y trabajadores?, explica Alejandro Galindo, director de Asistencia Técnica de Seguridad y Salud en el Trabajo de la STPS.

Dos de los modernos esquemas con que cuenta el sector para promover la normatividad y su cumplimiento son las denominadas Unidades de Verificación y los Comités Nacionales de Normalización. Las primeras surgieron con la intención de convertirse en verificadores, inspectores y supervisores del cumplimiento de la norma, bajo un modelo de participación de empresarios privados. Los segundos se constituyen con la intervención de autoridades, patrones y usuarios para crear, homologar y aplicar la normatividad en el área de la seguridad e higiene; entre los que destaca el Comité de Normalización 017, referente a Equipo de Protección Personal, cuyos esfuerzos son visibles. En la actualidad, la STPS otorga la certificación de Empresa Segura, y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnap) la de Empresa Limpia, siendo ambas disposiciones federales.

La STPS es la responsable de operar en el país el sistema de la seguridad y la salud en el trabajo. Como punto de partida se emiten las NOMs en esta materia, que constituyen el marco jurídico para garantizar las condiciones laborales adecuadas.

La segunda etapa del sistema consta de cuatro acciones: la difusión de la normatividad; la promoción del cumplimiento por medio de asistencia técnica, con esquemas de administración y la aplicación de prácticas seguras; la verificación del cumplimiento, que se realiza bajo el esquema tradicional de la inspección en planta o por organismos operados por el sector privado, por medio de unidades de verificación, laboratorios de prueba y organismos de certificación, y la formación de recursos humanos en seguridad y salud.

Para Angüis, no sólo se requiere aplicar dureza contra quien no cumple la norma, sino establecer un esfuerzo de orientación, inspección y sanción con capacidad real de incidir en la industria. ?Nadie tiene el derecho de atentar contra la integridad del trabajador?, coincide Aguiar.

Eegonomía, ajuste y confort A su vez, las características de los equipos de protección personal han evolucionado en los últimos años para ofrecer al usuario final mejores materiales y mayor tecnología, ergonomía, confort y ajuste, pues está comprobado que de nada sirve el mejor respirador, tapón auditivo o lente de seguridad si el trabajador no lo porta por falta de comodidad.

Recuerda Culwell: ?Apenas hace pocos años los empleados en la planta no tenían más opción que usar lentes de cristal endurecido o vidrio laminado, con pesados armazones de propionato y diseños horribles; mientras que actualmente los lentes se fabrican de policarbonato ligero, con micas con cobertura antiempañante y antirralladuras, y tintes para trabajar bajo cualquier condición lumínica, mediante el concepto de ergonomía, ajuste y confort?.

Hoy se fabrican equipos de protección industrial bajo dos grandes líneas: adecuados a las características propias de los individuos (es decir, tomando en cuenta la forma y el tamaño de la cara, la estatura o el peso promedio); y los equipos one-fits-all (aquellos de talla estándar). Según el ejecutivo de Bacou-Dalloz, nuestro país se distingue por una gran demanda de equipo de protección ocular y auditiva, y con un mercado en crecimiento para los respiradores.

En el ámbito gubernamental, contra lo que se pudiera pensar, Pemex representa un ejemplo en cultura de seguridad. La ausencia de normatividad específica nacional le ha obligado a crear y adoptar Normas de Referencia (NRF), y a formar subcomités de normalización propios, en materia ocular, de calzado, de trabajo en alturas o auditivo, para reglamentar la calidad de los productos de protección que adquieren.

Para Aguiar, Pemex es una de las empresas en México que ha mejorado en gran escala su cultura laboral y de seguridad interna. Según estimaciones de Suárez Peredo, Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) invierten entre 3 y 5% de sus ingresos brutos en seguridad.

?En la industria paraestatal resaltan los esfuerzos en Pemex, donde desde 1999 se implementó un sistema integral llamado Seguridad, Salud y Protección Ambiental, mejor conocido como Siaspa, que tiene como objetivo la administración de la seguridad y la protección ambiental, con resultados, sobre todo, en su Unidad de Perforación y Mantenimiento de Pozos, donde se han reducido 50% los índices de frecuencia y gravedad de los registros internacionales desde 1997?, cuenta Galindo.

El hermano menor No obstante el avance en la materia, la higiene industrial ha quedado rezagada en comparación a la seguridad, y a la fecha sólo existen en el país apenas cinco o seis higienistas certificados. ?A pesar de que el tamaño y la capacidad de la industria nacional reclama más especialistas, específicamente dentro de la petroquímica, es un hecho que el número de higienistas no ha crecido en el mercado. Es más, en una sola empresa privada en Estados Unidos (EU) tienen más profesionales en esta materia que los que existen en todo México?, expresa Aguiar.

Coincide Angüis: ?La realidad nos indica que en las compañías mexicanas no tienen el mismo peso la seguridad y la higiene; de hecho, a esta última se le ha tachado como elitista, pues la capacitación y los estudios ambientales de ruido, polvos nocivos, iluminación, radiación o vibración son costosos?. Y añade, ?la higiene tiene la desventaja de no contar con efectos tan tangibles como la seguridad, pues los riesgos por exposición a un agente peligroso no son fácilmente medibles, como lo puede ser un accidente en el que un trabajador se rompa una pierna o se lastime un dedo, lo que al final de cuentas se refleja en los bajos presupuestos de higiene, comparados con los asignados a seguridad?.

Proporción de accidentes
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Ante los altos costos asociados a la aplicación de estudios de riesgo ambiental, Aguiar propone modificar el modelo de prueba: ?El concepto actual es cambiar la frecuencia e intensidad de las pruebas, lo cual fomenta el control y promueve el cumplimiento de las normas; pues una empresa que por lo regular aprueba los mínimos puede obtener el beneficio de ser inspeccionada en menor intensidad y no con tanta frecuencia?.

Angüis pronostica que en el futuro cercano existirán normas menos complejas y de cumplimiento global o único: ?en lo inmediato se avizora una revisión a la Ley Federal del Trabajo, que pudiera impactar en el ámbito de la seguridad y la higiene industrial, a la par de una apertura no sólo en la elaboración de normas sino en inspecciones más completas y en la implementación de sistemas integrales de administración, con una consecuencia: menos decisiones de autoridad y más autogestión?.