Competitividad y ética en la empresa

Importancia de este valor dentro de las compañías y la sociedad, por Ancelmo García Pineda, asesor externo de la OIT y colaborador de IDC

Preámbulo

Siempre que emprendemos un negocio, debemos hacernos constantemente estas preguntas ¿nuestra empresa cumple con todas las leyes y reglamentos?, y además ¿cumple, al igual, con los valores morales y éticos que deben regir un negocio digno y un enriquecimiento lícito?. Ambos cuestionamientos habrán de ser respondidos ante los ojos del hombre y la conciencia de la colectividad; es decir, de nuestra comunidad.

Cuando hablamos de tener conciencia no se trata de algo abstracto, aunque en principio lo sea; sin embargo, la conciencia de nuestros valores se expresa en la relación de sinergia que establecemos con los proveedores y consumidores, al momento de obtener y proporcionar bienes y servicios con calidad, a un precio adecuado; integrando a nuestros accionistas, trabajadores y gerentes para que cada uno obtenga un beneficio justo y equitativo; finalmente ante la sociedad, evitando sobreexplotar los recursos naturales y destruir el medio ambiente.

La competitividad no debe reñir, ni excluir a la ética

La globalización se ha convertido en lugar común para citar al más feroz guerrero para inducir ideas de combate y batalla, y lograr que nuestra empresa o trabajadores se motiven para luchar por nuestros productos para que nuestra marca sea la mejor en el mercado. La consigna es la competitividad y productividad.

Los máximos representantes de las administraciones moderna y antigua de la producción afirman que la competitividad es la estrategia y la productividad la herramienta que nos llevará a ser mejores en el mercado.

Aun cuando estamos convencidos de que las empresas que triunfan lo hacen porque han sabido adaptarse, transformarse rápidamente bajo el rigor de los tiempos y encontrar en la madeja de posibles soluciones el hilo de la supervivencia; es decir, de la vida. Todas las empresas continuan buscando la manera de derrotar al otro; al parecer sin intentar antes interactuar en un ambiente de competencia y convivencia.

Cuando tocamos el concepto de competitividad, lo hacemos de una manera global y amplia de la empresa y no particularizando en uno de sus productos o servicios, ya que una compañía puede tener un producto muy competitivo y ser globalmente ineficiente.

Debemos tener una visión hacia el futuro cuando hablamos de competitividad, considerando que el ser competitivo no equivale a destruir o desplazar al otro, sino ubicar a nuestra empresa en la vanguardia en todos los ámbitos; es decir, debemos incorporar el sentido de lo ético y moral.

Construyendo un perfil competitivo

Nuestra empresa puede ser competitiva cuando:

  • se mantiene en el mercado competitivo y evolutivo;
  • obtiene un margen de rendimiento e independencia financiera;
  • tiene su horizonte puesto en el servicio prestado al cliente;
  • reacciona con rapidez ante los demás;
  • es constante en su capacidad de evolución, y
  • continuamente está innovando.

Por otra parte, podemos recordar lo anotado por el experto Michael Porter, respecto a una adecuada estrategia competitiva, quien recomienda que para consolidar tal estrategia se deben tomar en cuenta no sólo las acciones y reacciones de los competidores directos, sino también los roles de sus proveedores, clientes, productos sustitutos, entre otros. Afirma también que ?la competitividad de una empresa se mide por las habilidades que posee destacadamente en mayor grado que cualquiera de sus competidores.?

Para Porter la posibilidad de ser competitivos está dada por el dominio que se tiene de los siguientes puntos en relación con el mercado en el cual se compite:

  • amenaza de nuevos competidores;
  • intensidad de rivalidad entre competidores directos;
  • presión por productos sustitutos, y
  • poder de negociación con los clientes y proveedores.

Además plantea que la manera de tener ventajas se asume a alguna de las estrategias: liderazgo en el costo, diferenciación o enfoque específico.

Porqué excluimos la ética

La competitividad implica; sin embargo, ciertos dilemas morales y éticos, los cuales son responsabilidad de los administradores que dirigen las empresas, quienes se ven obligados a enfrentarse al terreno del mercado.

Es cierto que en la compañía nos preguntamos o buscamos nuevas formas de gestión de la productividad para generar mayor riqueza y alcanzar un alto grado de desarrollo que lleve a un bien común de quienes participan en la misma; los trabajadores directos, gerentes, mandos medios, clientes, accionistas y la sociedad en su conjunto. Entonces la competitividad ya nos está colocando en un dilema ético. Si intentamos estar de acuerdo con que la competitividad de una empresa es una suma compleja de factores, entonces podemos concluir que los conceptos y búsqueda de la competitividad y ética no son excluyentes, e incluso pueden ser complementarios.

El estudio de la competitividad y productividad no se debe limitar a la persecución absoluta de la riqueza material; si bien es esencial, no es la única. Debemos recordar, en primer lugar, la motivación y satisfacción en el trabajo, además de otros factores que redunden en la mejoría de la conducta de las personas, en sus aspiraciones y percepciones del cómo relacionarse con otras personas para un enriquecimiento mutuo tanto material como espiritual, de manera individual y colectiva o como comunidad. En este enriquecimiento espiritual juegan un papel relevante la ética y los valores; entendidos éstos como las virtudes del ser humano que le permiten buscar la felicidad en compañía de otras personas. Sería ideal si esto se realizara en un ambiente de trabajo y empleo socialmente útil.

En años recientes, el enfoque ético y moral acerca de la empresa dentro de la sociedad se ha analizado y discutido más, llegando a ser motivo de congresos y experimentos de administración, con el único fin de tener claro el papel de la ética en los negocios.

La competitividad en sí misma nos plantea complejos dilemas morales y éticos, que al ser parte de la administración de la empresa, deben ser resueltos por personas, afectando su estilo de vida, de mando, organización y obediencia.

Ética y moral: su dimensión en la empresa

En el ámbito laboral podemos considerar a la ética como una rama que se ocupa de las normas de la conducta humana; de los principios y pautas de esa conducta.

De acuerdo con lo anterior, nuestra empresa debería ser otra desde una perspectiva ética, pues en toda la esfera de la administración de recursos humanos el estudio de la conducta humana ha sido fundamental para la organización de la producción y su eficiencia desde el advenimiento de la producción en serie y el surgimiento de la gran industria.

El entendimiento acerca de la ética y la moral está sujeto, sin lugar a dudas, a los específicos convencionalismos de determinados períodos de nuestra historia, por lo que sólo nos atrevemos a enumerar algunas características fundamentales y útiles en la empresa.

Ética es: el conjunto de normas que vienen del interior de las personas; son todos aquellos principios directivos que orientan a las personas en cuanto a la concepción de la vida, el hombre, los juicios, hechos, y la moral.

La moral: son las normas que nos llegan del exterior; es decir; de la evolución y del acuerdo de los hombres en sociedad. La moral se refiere a la conducta del hombre que obedece a unos criterios valorativos acerca del bien y el mal.

Nuestro objetivo material del estudio de la ética son los actos humanos y su aspecto formal; es decir, la bondad o maldad de éstos, de ahí que podamos afirmar que se está actuando de un modo ético cuando en nuestros actos y conducta lo normal de hecho coincide con lo común de derecho.

Desde y en la empresa podemos asegurar el hecho productivo desde un punto de vista ético si observamos un conjunto de normas y razones como línea directriz de la propia conducta y como resultado de nuestra propia reflexión y autodeterminación.

La ética influye en la conducta de una persona desde su misma conciencia o voluntad; mientras que la moral es el conjunto de normas que se transmiten de generación en generación, evolucionan a lo largo del tiempo y poseen fuertes diferencias respecto de las de otra sociedad y otra época histórica; estas normas morales se utilizan para orientar la conducta de los integrantes de la sociedad.

La moral es un hecho real que encontramos en todas las sociedades, con una fuerte base social; por ello se afirma que en estas normas impera el aspecto legal, prescriptivo, obligatorio, coercitivo y punitivo. Quien no la cumple, se le sanciona socialmente con la ley o con el desprecio de su comunidad.

Ética y normas de conducta en la empresa

En el ámbito productivo, la ética y moral contribuyen como parte de la esencia espiritual de nuestro negocio. Esta alma de la empresa debe formar parte del objetivo mismo de nuestro negocio; pues son las causas esenciales del comportamiento y conducta de las personas.

La conducta humana, en el entorno productivo, puede ser de cooperación o rechazo con las consecuencias que ello conlleva. Aunque desde la perspectiva de la moral, la forma específica de aplicación práctica es la regulación de la misma, ello entraña dificultades; especialmente derivadas de una contradicción entre los valores y las relaciones humanas: aquéllas que se dan en el ámbito productivo y asalariado.

En años recientes, desde el ámbito productivo se ha buscado fortalecer las estrategias de competitividad sin abandonar los preceptos de una moral y una ética que por años se conservan en las leyes y costumbres de los trabajadores, mandos medios y gerentes o directivos.

Una forma relativamente novedosa de abordar el tema se ha presentado a partir de desarrollar propuestas innovadoras de los que se denominan códigos de ética, los cuales aunque de carácter voluntario y apenas conocidos en México, comienzan a ser una alternativa ante el desenfreno de la competencia descarnada y sin límites del mercado. Visto lo anterior, el trabajo en la empresa no debe tomarse tan sólo como un medio de subsistencia.

Desde la empresa, debemos formarnos una nueva visión de lo que es el trabajo y la revaloración social y humana, que nos lleve a ver la actividad productiva como una forma digna de ganarnos la vida y como el recurso por el cual cada miembro de la empresa reafirma su dignidad como persona dentro de una comunidad.

A partir de una visión y dimensión ética y moral de la competitividad, cada norma se considera de manera directa un enunciado imperativo; sin embargo, la norma moral puede tener alcance para la ejecución o castigo en el caso de una conducta especialmente reprobable de las personas. He aquí la verdadera importancia de la atención ética y moral en el ámbito de las relaciones laborales y de negociación de las condiciones de contratación de los trabajadores.

¿Qué es la ética? ¿Cuáles son los elementos que requiere una empresa para ser ética y competitiva? ¿Cuál es su utilidad?
Conjunto de valores, normas y principios reflejados en la cultura de la empresa para alcanzar la sintonía con la sociedad
  • Confianza,
  • credibilidad,
  • lealtad,
  • honradez,
  • creatividad,
  • eficiencia, y
  • corresponsabilidad
Ayuda a las empresas a:
  • afianzar su credibilidad social,
  • ofrecer productos o servicios de calidad, y
  • lograr su productividad

Conclusión

Para ser competitivos en el largo plazo, primero debemos ser éticos y con base en esto buscar la competitividad en la empresa.

El plano ético frente a la empresa es una continua tarea de rehumanización que puede llevarse a cabo a través de una especial visión ética de la sociedad. Estos dos campos que no son excluyentes se mezclan provocando un complejo escenario, en este nuevo siglo; donde nosotros, como individuos dentro de una sociedad de negocios, tomaremos la decisión de ser solamente competitivos sin valores o, por lo contrario, competitivos con una serie de valores apoyados en principios éticos.

No debemos permitir terminar siendo dominados por un caos moral y una sociedad irreflexiva sin límites, sólo dominada por la codicia del dinero fácil, la competitividad y el desenfrenado consumismo. Como apunta el experto en administración Peter Drucker: ?Es necesario un principio de moralidad nuevo, que se base en las características de la organización moderna y este principio consiste en hacer productivo el esfuerzo humano, por medio de la organización de tal manera que el esfuerzo personal organizado produzca beneficios sociales.?