Sindicalismo en tiempos de crisis

Conozca el rol sindical en la productividad de las empresas durante la recesión, por Ancelmo García Pineda, asesor externo de la OIT
Sindicalismo en tiempo de crisis
 Sindicalismo en tiempo de crisis  (Foto: Redacción)

Preámbulo

La etapa actual de fuerte crisis por la que atraviesa la región de América Latina, en general, y nuestro país, en particular, exige que volvamos a tocar una vez más la productividad como un tema de urgente atención y puesta al día. Más allá de enumerar los logros alcanzados en los últimos años, acerca de las estrategias y los obstáculos identificados a nivel de empresa en el terreno de la gestión, administración y medición de la productividad, hoy es necesario revisar el tema desde un enfoque integral; esto es atendiendo a las oportunidades que se le presentan a los actores del ámbito laboral, con especial énfasis en los posibles aportes de los trabajadores directos y las organizaciones sindicales.

Si bien éste no debe ser un tópico excluyente de los colaboradores para colocarlo en los escritorios de los gerentes, tampoco está agotado y debemos atenderlo de manera recurrente en la medida en que la recesión económica afecte el mercado laboral y sus variables.

Aspectos relevantes de la productividad

Una cuestión destacable en el debate es la que tiene que ver con la necesidad de reducir el déficit de trabajo decente, particularmente desde la Organización Internacional del Trabajo (OIT) donde se le ha ponderado desde hace poco más de cinco años.1

La OIT ha mencionado que lo relevante para la competitividad y ciertamente para elevar la cantidad del trabajo decente en la región es aumentar el producto total por subordinado. Lamentablemente este indicador se encuentra en niveles muy bajos y a diferencia de otras partes del mundo (Europa y Asia) en Latinoamérica descendió en los años 80 y aunque se elevó un poco en los 90, hoy en día aún no se recupera lo suficiente.

Los niveles bajos de productividad en América Latina se deben, según algunos expertos, a la falta de tecnología y al escaso desarrollo de habilidades, así como a los bajos niveles de educación, y la todavía limitada capacitación para y en el trabajo.

Otro aspecto importante es que después de varios años de análisis, estudio y debate continuamos encontrando diversos enfoques e incluso varias definiciones de la productividad como herramienta para la puesta en marcha de estrategias eficaces en las compañías.

Según el especialista de la OIT, Joseph Prokopenko, se reconocen dos posiciones acerca del concepto productividad laboral; una tradicional y otra moderna. La primera tiende a asociar la productividad del trabajo con la noción de eficiencia, particularmente con la eficiencia técnica. Ésta desde el punto de vista económico se vincula a costos bajos; dicho de otro modo, en la búsqueda de la eficiencia se inclina a pensar que incrementar la productividad es igual únicamente a reducir costos, principalmente los laborales. Sin embargo, se ha señalado en diferentes estudios y experiencias que relacionar la productividad sólo a la disminución de costos puede poner en riesgo la vida del negocio en el mediano y largo plazo. Ya es conocida la teoría que asegura que la eficiencia es una condición necesaria pero no suficiente para describir completamente el concepto y estrategia de la productividad.

Al concepto de eficiencia se le debe adicionar el adecuado enfoque de eficacia, es decir se debe tomar en cuenta el resultado e impacto de nuestro producto o servicio en el consumidor final. Cuando se logra la fórmula estamos en una dimensión novedosa y moderna de la productividad y entramos al terreno de la satisfacción del cliente y de la calidad.

Lo anterior nos deja ver que el empresario debe interesarse en producir al menor costo, pero tiene que incorporar los conceptos de calidad y satisfacción en el cliente con un enfoque integral de mejora de la calidad del producto y proceso, además de una permanente mejora en la calidad de vida de sus trabajadores.

Sindicalismo y productividad en tiempo de crisis

Un tema a retomar es aquél que se centra en las personas responsables de la productividad; la interpretación utilizada asume que un subordinado es más o menos productivo que otro, según el nivel de esfuerzo invertido  en el desarrollo de sus tareas. Esta vertiente admite implícitamente que el único responsable de la productividad laboral es el trabajador. Hemos de afirmar que éste es un error de visión y concepto.

Por el contrario, se ha logrado demostrar que la productividad de un colaborador depende no sólo de su propio esfuerzo, sino de las circunstancias bajo las cuales se desempeña y ejerce dicho esfuerzo; más aún, si estas últimas internas o externas, directas o indirectas, muchas veces no dependen tan sólo de la organización o de un puesto de trabajo; sino que pueden ser de tipo económico, técnico, social e individual y colectivo.

Es preciso señalar lo indicado por el especialista Leonard Mertens de OIT2, quien afirma que existen tres niveles de medición de la productividad laboral:  agregado del país, del sector de que se trate, y de la empresa.

Si tomamos como referencia lo anterior, hemos de afirmar que las organizaciones sindicales tienen ante sí un enorme reto de participación en la mejora de productividad y que apenas se encuentran en una etapa temprana de participar, comprometerse y desarrollar, desde su perspectiva, su relación con la productividad laboral en los niveles indicados.

Para las organizaciones sindicales el eje de entendimiento comienza a ser la confianza y no la desconfianza y la sanción inmediata, como había sido hasta los 80 y mediados de los 90. Además podemos asegurar que existen sindicatos para quienes existe un verdadero interés por hacer participar a los trabajadores en tareas más enriquecidas y esfuerzos compartidos.

Por su parte, algunos sindicatos realmente han asumido como suyos los compromisos y las metas por hacer negociaciones más productivas y competitivas en beneficio mutuo de empresas y subordinados. Las tareas de las organizaciones sindicales en tiempos de crisis se deben enmarcar en la movilización no sólo de la fuerza de trabajo hacia las metas de la compañía, sino en una mayor dinámica del conocimiento creativo, compromiso y esfuerzo de todo el personal en las diferentes áreas y niveles.

Dimensión ética de la productividad

Complementando lo anterior y siguiendo el punto de vista de la OIT, no debemos olvidar el objetivo de reducir el déficit de trabajo decente, por lo cual se deben preservar los derechos fundamentales en el trabajo como son un salario digno, empleo estable, respeto a la libertad sindical y derecho a la negociación colectiva.

Además, debemos tomar en cuenta que podemos construir el perfil de una compañía con responsabilidad, para lo cual se debe contar, cuando menos, con los siguientes elementos, como parte de su visión estratégica, los cuales no por estar en momentos de crisis se deben soslayar o menospreciar:

  • código de valores formal o informal
  • capacitación y aprendizaje permanente en todos los niveles
  • valor del trabajo expresado en la distribución equitativa de la riqueza
  • empleo estable basado en la responsabilidad, disciplina y el cumplimiento
  • preocupación por la ética y moral de los subordinados
  • cuidado por los impactos de sus acciones en el ambiente
  • no generar productos contaminantes o insanos para la comunidad
  • transparencia de todas sus acciones ante la comunidad y los colaboradores, y
  • contribución con su comunidad en el aspecto cultural y ético

Con lo anterior estamos consolidando la apropiada plataforma y el ambiente en el cual podemos generar un perfil de personas comprometidas, que aporten lo mejor de sí a la empresa y trabajen en equipo enfocadas a la organización, evitando la creación de conflictos con los sindicatos, además de contribuir a generar personas con valores como la honradez y el respeto hacia sí mismo y hacia los demás.

Productividad y mejora del empleo decente

En momentos como los que vivimos, las metas de productividad en ocasiones impiden observar las repercusiones negativas que nuestras organizaciones pudieran estar causando; tanto en el espacio material como en el intangible, ya sea dentro o fuera de la misma.

Si bien la economía de libre mercado exige e impone la competencia, también es cierto que se deben seguir las mínimas y mejores reglas y normas de convivencia productiva, tanto con la naturaleza, como con nuestros semejantes.

Sólo con esta visión podremos hacer perdurar el mercado mismo, y es precisamente la búsqueda de mejores reglas y normas lo que ha llevado a considerar la búsqueda del trabajo decente como un factor de relevancia en la práctica productiva y competitiva.

Sumado a lo anterior es indiscutible que a pesar de la finalidad económica, las empresas tienen también un componente de naturaleza social: ésta se expresa como una verdadera responsabilidad social, si aquéllas evitan generar desempleo como estrategia de negocio o admiten parte de la responsabilidad en la movilidad de los trabajadores en el mercado de trabajo.

Cuando tratamos el tema de responsabilidad social vinculado a la productividad, una pregunta subyace en esta reflexión: ¿el patrón es responsable solamente de sus acciones o también de todo lo que ocurre en derredor de su centro de trabajo? Al intentar una o varias respuestas, éstas se componen de una diferenciación y complemento en las definiciones de rol social y responsabilidad social.

El rol social está definido por el conjunto de obligaciones derivadas de sus tareas, objetivos y funciones en la sociedad. Consiste en las obligaciones que implica asumir una determinada función a través de una compañía que genera bienes y servicios; así el rol tiene un carácter activo, decisivo y determinante.

Ese rol además debe motivar e incluir al sindicato y a los trabajadores como elementos actuantes y protagonistas del fomento a la productividad, para que de esa manera se asuma de manera bilateral el compromiso de mejora de la productividad y calidad. Los papeles así entendidos, provienen de la división social del trabajo.

El rol es una responsabilidad social, pero no es la única; la responsabilidad social va mucho más allá. Por ejemplo podemos hablar de una organización que cumple con ganancias y productos pero contamina y paga magros salarios; podemos decir entoces: cumple su rol social, pero no con la responsabilidad social.

Si la función empresarial es económica, su papel deberá ser un conjunto de obligaciones de ese mimso carácter. Esto es importante, pues así queda claro también el rol de otros actores sociales y económicos, como son los trabajadores, los sindicatos, y otras instituciones públicas.

Conclusión

Las prácticas productivas son la expresión cotidiana de lo que se ha denominado las nuevas formas de organización del trabajo y de gestión de la productividad y de administración de la producción; en estos aspectos hemos crecido sobremanera durante los últimos 10 años.

Resalta el hecho de que desde los niveles gerenciales se ha logrado construir una nueva percepción acerca de la productividad y su relación con las organizaciones sindicales; destaca también el hecho de que muchos representantes sindicales ya se han percatado de la importancia de asumir conjuntamente las tareas de análisis, fomento y compromiso con la productividad: la crisis no debe ser motivo para reducir el papel de los sindicatos como promoventes y gestores en común de mejores prácticas productivas en nuestro país.