Software: ¿falso o falso?

Fenómenos como la falsificación son una constante y las empresas no están exentas de su presencia

.
 .  (Foto: Redacción)

El mundo ha cambiado drásticamente por la intervención de la tecnología, tanto en las actividades cotidianas como en las operaciones que se realizan en el entorno laboral, particularmente en lo que es el ámbito empresarial. El confinamiento ocasionado por el Covid-19 obligó a que muchas empresas y los trabajadores tuvieran que ajustar sus procesos para poder operar vía remota.

Algunos trabajadores tuvieron la oportunidad de llevar a sus hogares o lugares de encierro ciertas herramientas de su lugar de trabajo, otros han tenido que recurrir a instrumentos que ellos ya poseían o a invertir en la obtención de aquellos que son necesarios para realizar sus actividades laborales. El trabajo en casa forzó a que las empresas y los trabajadores hicieran modificaciones para llevar a cabo diferentes actos y la principal consecuencia de ello fue que intensificó la dependencia tecnológica. Todas las empresas tienen dentro de sus procesos indiscutiblemente que recurrir a alguna clase de dispositivo o software para consumar sus actividades, pero no siempre estos últimos han sido “originales”, pues en muchos escenarios por los costos, por intentar facilitar o incluso por simple costumbre se han empleado aquellos que son una imitación. El recurrir a esas imitaciones puede conllevar una serie de riesgos más que beneficios, especialmente a nivel corporativo nos comenta a continuación el maestro Jesús Edmundo Coronado Contreras, coordinador editorial de las áreas de Fiscal, Jurídico Corporativo y Comercio Exterior de IDC Asesor Fiscal, Jurídico y Laboral, coordinador de la comisión de Derecho Penal Internacional del Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México A.C., miembro de la comisión de Derecho Penal de la Barra Mexicana Colegio de Abogados A.C. y del comité de Derecho Penal y Seguridad de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa Colegio de Abogados A.C. y escritor frecuente dentro de la revista Praxis Legal de la editorial Wolters Kluwer.

Qué es un software

Por software se hace referencia al conjunto de componentes lógicos necesarios que posibilitan la consecución de tareas específicas, a diferencia de lo que es el hardware que son los componentes físicos. La unión entre software y hardware es lo que hace posible que opere un dispositivo, ya que el software manda instrucciones que lleva a cabo el hardware, siendo dicha combinación la que da funcionamiento al dispositivo.

Qué es falsificar

La falsificación es la creación o modificación de documentos, productos o servicios con el fin de hacerlos pasar como verdaderos. Es común asociar este concepto con la falsificación de moneda o de documentos, pero no es el caso de análisis en el presente, pues en este nos ubicamos ante una violación deliberada de la propiedad industrial, en contra de una marca comercial.

Resulta común que dentro de los artículos que son objeto de falsificación están la ropa, el calzado, los perfumes y lociones, juguetes y demás. Es una actividad que está íntimamente ligada con otras actividades delictivas de la delincuencia organizada transnacional. Lo anterior, debido a que es un hecho ilícito que genera ganancias redituables y es una actividad de bajo riesgo, porque desafortunadamente no se han impuesto las sanciones correspondientes.

Ante eso es que una nueva vertiente de la falsificación es la que se ha dedicado a la falsificación de software, ello debido en gran medida a la constante y cada vez más evidente dependencia en la tecnología. Las grandes empresas y personas en lo general vivimos encadenados a los nuevos dispositivos, los cuales cuentan ya con múltiples herramientas que se traducen en aplicaciones o programas que muchos se manejan por medio de licencias, que implican un costo para su uso.

Esas ganancias atienden a una cuestión sencilla, esa herramienta tuvo su origen en una persona que la desarrolló con el propósito de cumplimentar cierta tarea y ese individuo requirió de cierto capital para financiarlo; es cierto que los grandes corporativos al registrar esas innovaciones obtienen ganancias, pero eso atiende a que es parte de los ingresos que se generan por una inversión en temas de innovación. Sin embargo, se ha vuelto una práctica reiterada el que las empresas recurran a usar software casi idénticos a los originales, debido a que muchas veces son más accesibles al tener un menor costo, lo cual les da un atractivo comercial sobre los originales.

Aunque eso implica también una serie de riesgos, toda vez que al usar esa clase de “copias” los dispositivos originales en varias ocasiones son incompatibles y eso desencadena un daño en los dispositivos o simplemente lo hacen vulnerable ante otras amenazas como es el accionar en este caso de la ciberdelincuencia.

Eso se debe a que quienes generan o intentar reproducir estas falsificaciones buscan obtener ganancias también mediante la comisión de otros delitos, porque con esos software falsificados pueden sustraer información o manipular los dispositivos sin autorización.

Dichas situaciones pueden representar mayores costos que beneficios, por lo que usar esa tecnología ilegal tiene consecuencias severas, más allá de las posibles sanciones que pudiese imponer la legislación por su adquisición y uso. Parte de este problema se ha buscado solventar, además de la óptica normativa, desde la parte operativa, como se mencionó anteriormente, con restricciones desde los mismos dispositivos, imponiendo medidas de restricción y de incompatibilidad para imposibilitar la coexistencia con programas o dispositivos que no son originales. Otro de los puntos que se ha tratado de emplear para disuadir este tipo de conductas es el de las buenas prácticas corporativas.

Comentarios finales

Durante estos tiempos de pandemia se han intensificado las falsificaciones, ello debido a que el traslado de los centros de trabajo al hogar conllevó a que muchas personas y empresas tuvieran que ajustar radicalmente sus procesos. Muchos trabajadores no cuentan en sus hogares con los mismos sistemas y herramientas que tienen disponibles en las oficinas y aunque algunos pudieron llevar sus dispositivos y demás a sus lugares de encierro, algunos no tuvieron esa oportunidad y debieron adaptarse para poder continuar desempeñando sus labores. Una alternativa fue justamente el uso de software falsos, similares o casi idénticos y en muchos escenarios fueron las propias empresas las que facilitaron que se recurriera a esa opción. Compartir un software ilegalmente es un problema, pero es distinto al de vender este como si fuera original, ambos a nivel empresarial son malas prácticas. 

A nivel legislativo puede verse que en la Ley Federal del Derecho de Autor en el artículo 231 se enuncia que se tendrá como una infracción en materia de comercio las conductas cuando sean realizadas con fines de lucro directo o indirecto, tales como el usar, reproducir o explotar una reserva de derechos protegida o un programa de cómputo sin el consentimiento del titular, al igual que el importar, vender, arrendar o realizar cualquier acto que permita tener un dispositivo o sistema cuya finalidad sea desactivar los dispositivos electrónicos de protección de un programa de computación. La anterior puede resultar ser una regulación “corta” toda vez que no ataca por completo el problema. 

En estos momentos en el poder legislativo se están gestando reformas significativas en materia de propiedad intelectual, todo ello derivado del T-MEC, habrá que estar al pendiente de esas modificaciones que pueden elevar esta conducta ya no a una infracción sino a un acto delictivo con una sanción bastante considerable.

Sin embargo, más allá de la cuestión legislativa se debe considerar que a nivel corporativo debe erradicarse esa tendencia de recurrir a falsificaciones y deje de ser una conducta tolerada y sea sancionada. La distinción entre utilizar algo original y algo falso se ha perdido con el paso del tiempo y fomentado que las personas vean como aceptable esa práctica y permee que quienes se dedican a esa actividad tengan mayores ingresos que los creadores originales. Si bien utilizar lo original puede ser un costo mayor, debe verse como una inversión para evitar los posibles riesgos que implica recurrir a lo falso.