¿Cada cuánto tiempo debo cambiar mis contraseñas?

Las contraseñas son la puerta de entrada a nuestra vida digital, tanto para las redes sociales como para nuestras cuentas bancarias y otros tipos de servicios

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 .  (Foto: Canva, Diseño elaborado en Canva con elementos de Patricia Verdadero de The Side Hustle, TMvectorart de TMvectorart, Diana de Diana y Oleksii Bezrodnii de Изображения пользователя Алексей Безродний)

Cuando abrimos una cuenta en cualquier servicio digital nos preocupamos por la contraseña que le pondremos, pero, ¿cuántas veces nos ocupamos en cambiarlas con periodicidad? De acuerdo, con ESET, hay pros y contras de no hacerlo. 

La firma explicó que las contraseñas son la puerta de entrada a nuestra vida digital, tanto para las redes sociales como para nuestras cuentas bancarias y otros tipos de servicios en los que se almacenan datos personales o información claramente sensible.

“Que esa puerta tenga una llave robusta, fuerte y única para cada caso, representa un hábito tan saludable como aconsejable para estos tiempos que corren en los que la mayoría de nuestras actividades transcurren online. Cambiar estas contraseñas periódicamente, es necesario, sobre todo si tenemos una contraseña simple, de no más de 7 caracteres que, para darnos una idea, puede ser vulnerada por un cibercriminal en dos segundos. Sí, dos segundos. Actualizarla periódicamente debe ser una de nuestras prioridades.”, comenta Camilo Gutiérrez Amaya, Jefe del Laboratorio de Investigación de ESET Latinoamérica.



La firma destacó que cambiarlas y actualizarlas periódicamente es algo tan importante que en Estados Unidos hasta tiene un día especial en el calendario, donde cada 1° de febrero se celebra el Change your password day, con el objetivo de visibilizar y concientizar sobre este hábito tan fundamental.

“Si la contraseña es de 10 caracteres y solo usa letras mayúsculas y minúsculas, debería cambiarse cada mes, ya que es el tiempo 'estimado' en que podría vulnerarse. Si se le agrega números, podría cambiarse cada seis meses y si además tiene símbolos, podría actualizarse anualmente; siempre dependiendo del tipo de contraseña, la clave del banco que es más corta, por ejemplo, debe cambiarse más seguido”, agrega el investigador de ESET.


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Más allá de incorporar el hábito de actualizar periódicamente las contraseñas, existen otras prácticas de salud digital muy importantes a tener en cuenta para proteger los datos personales y dinero del cibercrimen:


  • Almacenar las contraseñas en un lugar seguro, y tener bien en claro en dónde no deben guardarse. Escribirlas en papel o notas adhesivas, o bien tenerlas guardadas en hojas de cálculo o documentos de texto en nuestro dispositivo, no es seguro. Tampoco lo es tenerlas almacenadas en los navegadores. Lo correcto es valerse de un administrador de contraseñas, para el cual solo se debe tener una contraseña maestra, y el resto estará protegido dentro del gestor.

  •  2FA o doble factor de autenticación, que supondrá una capa de seguridad adicional contra distintos tipos de ataques que buscan vulnerar credenciales de inicio de sesión. Dicho de otra manera: el 2FA dificultará que terceros puedan acceder a nuestras cuentas en caso de que hayan obtenido alguna contraseña. Este factor puede ser algo que la persona sabe (como una contraseña), algo que tiene (como un teléfono, un token) o una característica de quién es (huellas dactilares, iris, etc.).


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