Efecto multiplicador de la capacitación

La instrucción que reciba cualquier persona permite mejorar su vida y el ámbito laboral no es la excepción
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 .  (Foto: iStock)

Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el tema Trabajar para un futuro más prometedor, el aprendizaje debe ser visto como una inversión; es lo obtenido de manera formal e informal desde la primera infancia y la educación básica, así como toda enseñanza recibida en la fase adulta, en el cual se combinan competencias básicas, sociales, cognitivas, laborales encaminadas a la ocupación o en sectores específicos.

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Según el organismo, esta última es la piedra angular de un contrato social revitalizado que va mucho más allá de la inversión en el capital humano, produce efectos más amplios respecto de las prerrogativas de los individuos, las alternativas de vida y la mejoría de su condición.

De ahí que la OIT señala que, una visión así, implica cuatro elementos básicos:

  • un derecho universal
  • un aprendizaje permanente
  • el apoyo a las personas en las transiciones, y
  • una agenda transformadora para la igualdad de género y una protección social más sólida

Para la OIT los gobiernos, los empleadores, los trabajadores, así como las instituciones educativas deben estar en torno a políticas de desarrollo de competencias, que conlleven servicios de empleo y sistemas de formación, a través de los cuales los colaboradores cuenten con el tiempo y apoyo financiero necesario para aprender.

Si los trabajadores tienen garantizada la continuidad de sus ingresos y la seguridad del mercado laboral, es más probable que participen en el aprendizaje de adultos. Por ello, las organizaciones patronales y obreras tienen un papel destacado.

En México, el involucramiento del sector patronal en la formación de los trabajadores está previsto en la LFT y consiste en proporcionar capacitación y adiestramiento a sus colaboradores, lo que significa que el empresariado mexicano está acostumbrado fomentar tal inversión y a incentivar a la educación adulta (art. 132, fracc. XV y 153-A, LFT).

Por ende, los patrones mexicanos, más allá de la responsabilidad legal aludida, contribuyen a la mejorar las aspiraciones de sus subordinados; ahora solo queda esperar que las políticas laborales actuales robustezcan este ámbito.