Para los inversionistas, 2025 fue un año que rompió expectativas. El entorno económico internacional estuvo marcado por ajustes monetarios, desaceleraciones parciales en consumo, tensiones geopolíticas y una transformación acelerada en sectores de innovación.
A pesar de ese escenario complejo, México cerró el año con cifras notablemente positivas en renta fija, renta variable y flujos de inversión, consolidándose como uno de los destinos más sólidos entre los mercados emergentes.

De acuerdo con el análisis Franklin Templeton hoy: Del mundo a México, creando valor, el desempeño no fue producto de un impulso aislado, sino el resultado de una combinación estructural del comportamiento del dólar, realineamiento global de portafolios, repunte tecnológico y resiliencia macroeconómica local.
Un entorno global que favoreció a México: un dólar débil y reacomodo de capitales
La narrativa financiera del año estuvo marcada por un elemento central, el debilitamiento del dólar. A lo largo de los meses, la moneda estadounidense acumuló una depreciación cercana al
12 % frente al peso mexicano, comportamiento que coincidió con lo observado frente a otras divisas globales. Dicha tendencia obedeció a factores simultáneos:
- señales de relajación monetaria internacional tras varios ciclos restrictivos
- cambios en la política fiscal estadounidense, reasignación global de riesgos hacia economías emergentes, y
- expectativas de desaceleración de inflación y moderación en tasas de referencia
De esta manera, la depreciación del dólar fortaleció la rentabilidad real de los activos denominados en moneda local. Para México, esto significó un repunte particularmente visible en instrumentos gubernamentales de mediano y largo plazo, así como un mejor comportamiento de instrumentos corporativos.

En este panorama, los analistas compararon este fenómeno con episodios históricos como el Acuerdo de Plaza o Plaza Accord, una coordinación cambiaria de mediados de los años ochenta entre los países del G-5 con el fin de corregir desequilibrios comerciales, aunque en el panorama actual no se compara con el objetivo, sino por la similitud en el impulso a mercados emergentes cuando Estados Unidos permite o induce un ajuste en el valor de su divisa.
En este contexto, México no solo se benefició de la dinámica cambiaria, también recibió flujos originados por portafolios globales que buscaron diversificación ante la incertidumbre en mercados desarrollados. A esto se sumó un apetito renovado por activos de países con fundamentos sólidos, estabilidad monetaria y oportunidades de crecimiento por reconfiguración productiva.
Tecnología como eje estabilizador: la inversión compensa la desaceleración del consumo
Uno de los puntos relevantes que se abordó en el análisis fue la divergencia entre consumo e inversión en México.
En 2025, el consumo interno mostró señales de desaceleración debido a la pérdida parcial de dinamismo en ingreso disponible, moderación en el crédito y cautela frente a precios en sectores específicos.
Pero ese ajuste no se tradujo en una caída generalizada en actividad económica, porque la inversión especialmente la ligada a tecnología creció de manera sostenida.
Para ello, se destacó los siguientes factores:
- expansión de centros de datos y servicios vinculados a inteligencia artificial
- inversiones relacionadas con automatización industrial
- fortalecimiento de infraestructura digital
- proyectos de nearshoring orientados a cadenas tecnológicas, y
- entrada de capital especializado en servicios avanzados
Esta dinámica permitió amortiguar la desaceleración del consumo y generó un equilibrio positivo.
De esta manera, la economía mexicana pudo sostener su impulso gracias a que la inversión compensó el ajuste del gasto de los hogares.
En términos de mercados, esta composición fue clave, pues la renta variable ligada a sectores tecnológicos registró uno de los mejores desempeños, mientras que emisoras del sector industrial, manufactura avanzada y logística también se fortalecieron.

Considerado como un fenómeno que marcó una diferencia respecto a otros ciclos, esta vez, el dinamismo no provino únicamente de manufacturas tradicionales, sino de inversión en infraestructura digital y automatización, sectores que seguirán capitalizando la transición tecnológica global.
La otra cara del optimismo: señales de sobrevaloración y riesgo de burbuja en IA
Sin embargo, no todo es una mañana resplandeciente para el horizonte cercano, el entusiasmo tecnológico tiene fundamentos sólidos, pero también genera riesgos.
Ya que los expertos, advierten que la inversión en inteligencia artificial vive un momento que debe analizarse con cautela, los flujos hacia compañías de este sector crecieron a ritmos que superan los registrados en la mayoría de los ciclos tecnológicos previos.
Si bien, el problema no es la innovación en sí, sino la velocidad de entrada del capital y las expectativas incorporadas en las valuaciones. Para los gestores, existen señales de sobrevaluación que, si no se alinean con el crecimiento real del sector, podrían detonar correcciones.
Para ello, se identificaron al tres escenarios clave que podrían desencadenar una contracción:
- un nuevo ciclo de alza de tasas: esto aumentaría el costo del capital y encarecería los proyectos intensivos en investigación, infraestructura y expansión digital
- una baja más profunda en el consumo global: el impacto directo es reducir la demanda por soluciones tecnológicas, hardware, servicios en la nube y plataformas basadas en IA
- eventos abruptos o incertidumbre extrema: cualquier shock geopolítico, financiero, de salud como una pandemia o tecnológico que obligue a los mercados a corregir posiciones y demanda
La advertencia no busca anticipar un estallido inmediato. Más bien marca un punto clave en donde la combinación de liquidez global y expectativas extraordinarias puede producir valuaciones difíciles de sostener si el crecimiento del sector no mantiene su ritmo.
Para economías emergentes como México, este fenómeno implica que los sectores más vinculados a tecnología podrían experimentar volatilidad adicional en 2026.

Perspectivas para 2026: dólar a la baja, tasas más estables y un rebote sostenido
El escenario central o más probable presentado por Franklin Templeton plantea que 2026 podría extender el impulso observado en 2025, siempre que se mantengan tres condiciones fundamentales:
- continuidad en la depreciación del dólar: si la tendencia se mantiene, México seguirá recibiendo flujos hacia instrumentos denominados en pesos, favoreciendo tanto a renta fija como variable
- moderación en tasas globales: una relajación monetaria consolidada reduciría el costo del financiamiento y permitiría una expansión más ordenada del crédito y la inversión
- persistencia de la inversión tecnológica: México está bien posicionado en el ecosistema digital y de automatización gracias a la integración con América del Norte y la demanda global de infraestructura inteligente, pese a que el mercado bursátil mexicano no tiene una relación directa con empresas tecnológicas como el S&P500 en Estados Unidos
En este escenario positivo donde la probabilidad es del 20 %, se espera que el Producto Interno Bruto (PIB) tenga un crecimiento mayor de 2.5 %, la inflación se mantenga por debajo del 4 % y la Tasa Terminal del Banco de México (Banxico) sea de 6.5 %, así como un reforzamiento en la alianza comercial del T-MEC en caso de que Estados Unidos mantenga un conflicto con China.
Para el escenario más probable que estiman en un 70 %, el rebote de 2026 será contenido respecto al año anterior, aquí el PIB se establece en 1.5 %, la inflación cerca del 4 % pero con una calificación crediticia que se mantiene.
En el escenario negativo que se presenta con un 10 % de probabilidad, esto se podría desatar con una radicalización y autoritarismo por parte de la política nacional, en este supuesto, el PIB sería <0 %, la inflación mayor a 5 % y una tasa terminal de Banxico mayor a 7 %, con una baja en la calificación crediticia para el país y una agenda marcada con Estados Unidos para atender temas de migración, violencia, narcotráfico.
Aun así, estos factores mantienen a México entre los mercados emergentes más atractivos para inversionistas institucionales, en donde el foco con la volatilidad de la IA, el riesgo de un menor consumo en la población y buscar un balance adecuado con el gasto interno será determinante a partir de 2026.