Energía, ¿Detractor de las finanzas para el segundo
semestre 2026
Créditos de la imágen: Imagen generada con Gemini pro
El cierre del estrecho de Ormuz por la guerra EE. UU.-Irán amenaza la seguridad alimentaria y eleva la inflación global. Sin embargo, para México, podría acelerar el nearshoring y exportaciones
El cierre del estrecho de Ormuz se perfila como el principal detractor del crecimiento económico mundial .
Desde marzo, el conflicto ha resultado en un alza de los precios del crudo y aunque esto puede beneficiar a México, de cierta manera, pues derivado de la escasez puede vender el propio, en realidad en el contexto global genera suficientes presiones como para desmotivar el crecimiento del país.
Luis Gonzalli, VP/Co-director de inversionesfixed income para Franklin Templeton, detalló que entre las consecuencias se encuentra:
aumento del precio de combustibles
escasez de fertilizantes, lo que ocasiona a su vez una menor producción de alimentos y, por ende, mayores precios
De hecho, la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) destacó desde mayo que la crisis energética está convirtiendo la seguridad alimentaria en un problema de estabilidad financiera. El encarecimiento de los fertilizantes y la volatilidad de los mercados están poniendo en riesgo a las grandes empresas comercializadoras de alimentos.
“Una quiebra en ese sector podría desencadenar una crisis de suministro global de una magnitud impredecible”, subrayó.

Para empezar, tenemos que entender qué es el estrecho de Ormuz, una vía marítima de 104 millas de longitud que conecta el golfo Pérsico al norte con el mar Arábigo y el océano Índico al sur. Si bien el estrecho tiene 21 millas de ancho, solo entre seis y 10 millas se utilizan para el paso de los barcos en direcciones opuestas. Antes de la guerra, más del 20 % del petróleo y el gas del mundo transitaban por este estrecho.
Ahora bien, el conflicto inició en febrero de 2026 cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una serie de ataques aéreos coordinados contra instalaciones en Irán, resultando en la muerte del líder supremo Alí Jamenei.
En cuestión de horas, la Guardia Revolucionaria de Irán comenzó a emitir advertencias por radio VHF a los buques mercantes, indicando que no se permitirá el paso por el estrecho.
A inicios de marzo, Irán declaró formalmente “cerrado” el estrecho de Ormuz y amenazó con atacar a cualquier embarcación que intentara cruzar; como resultado, el tráfico marítimo cayó casi a cero y más de 150 barcos anclaron fuera de la zona para evitar ataques, paralizando el flujo global de crudo.
No obstante, para finales de ese mes Irán ajustó su postura y anunció que el bloqueo aplicaría específicamente a buques que se dirijan o provengan de puertos de EE. UU., Israel y sus aliados. A países como China e India se les permitió un paso excepcional.
Para abril, las naciones acordaron un alto el fuego temporal entre EE. UU. e Irán que debía incluir la reapertura del paso. Sin embargo, Irán aprovechó la pausa para comenzar a gestionar el tráfico y exigir peajes de más de un millón de dólares por barco, lo que la diplomacia estadounidense rechazó categóricamente.
Fue entonces que a inicios de mayo, el gobierno de EE. UU. lanzó una operación naval para escoltar militarmente a los buques mercantes y forzar su salida del Golfo. La operación es pausada apenas dos días después debido a avances en las mesas de negociación.

El problema resurgió cuando el 10 de junio, tras nuevas explosiones en el sur de Irán por ataques de EE. UU., el Ejército iraní anunció el cierre “por completo” del estrecho a todo tipo de embarcaciones. El Comando Central de EE. UU. (CENTCOM) lo desmintió y afirmó que buques comerciales lograron seguir cruzando bajo su protección.
Pero el 15 de junio, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, anunció finalmente un acuerdo diplomático exhaustivo. Como parte del pacto, se ordena la apertura total y sin peajes del estrecho de Ormuz, coincidiendo con el levantamiento del bloqueo naval que EE. UU. mantenía sobre los puertos iraníes.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el cierre del estrecho de Ormuz no es una interrupción temporal del transporte marítimo, sino el inicio de un choque agroalimentario sistémico que podría desencadenar una grave crisis mundial
de precios de alimentos en los próximos seis a 12 meses.
De hecho, según el organismo internacional, ya hay un alza importante de precios en alimentos por el conflicto de Medio Oriente.
Para mitigar estos efectos, la FAO recomienda utilizar rutas terrestres y marítimas alternativas, especialmente a través del este de la península arábiga, el oeste de Arabia Saudita y el mar Rojo. «Sin embargo, estas rutas tienen una capacidad limitada, lo que hace indispensable evitar las restricciones a las exportaciones impuestas por los principales productores», afirmó David Laborde, director de la División de Economía Agroalimentaria de la FAO.
La ONU, desde mayo de 2026 ha insistido en que la guerra de Medio Oriente es un “choque de evolución lenta y potencialmente duradera” que está transformando los mercados laborales, las cadenas de suministro y las economías enteras a una velocidad que los gobiernos no alcanzan a gestionar.
Solo en el caso del empleo, según un escenario ilustrativo de la OIT, si los precios del petróleo se mantienen un 50 % por encima de los niveles de principios de 2026, las horas de trabajo a nivel mundial disminuirían un 1,1 % en 2027, lo que equivale a la destrucción de 38 millones de empleos a tiempo completo. Los ingresos laborales reales caerían un 3 %, una pérdida de 3 billones de dólares.
En cuanto a la inflación, de acuerdo con la UNCTAD, los países en desarrollo verán cómo los precios suben del 4,2 % en 2025 al 5,2 % en 2026. En las economías desarrolladas, la inflación pasará del 2,6 % al 2,9 %, situándose por encima de los objetivos de los bancos centrales.

A pesar de que al cierre de la edición 606 del boletín de IDC ya había disposición de los países en reabrir el estrecho, las tensiones políticas de los países en guerra genera mucha incertidumbre en cuanto al tiempo en el que persistirá “la paz”.
Además se estima que aún reabierto el estrecho, la normalización de operaciones de comercio y abastecimiento alimentario podría tomar meses, de hecho la estabilización de flujos de importación y exportación podría extenderse hasta inicios de 2027.
Es decir, los altos precios en alimentos y combustibles podrían durar un largo rato.
Como se comentaba al principio, este conflicto de Medio Oriente no solo significa problemas para la economía, en el caso específico de México podría suponer una fuerte oportunidad de crecimiento:
al dispararse los precios internacionales del crudo (como el Brent y el WTI), la mezcla mexicana de exportación cotiza a precios récord. Esto incrementa sustancialmente los ingresos extraordinarios de Pemex y los recursos fiscales del gobierno federal
con el suministro de Medio Oriente bloqueado o fuertemente retrasado hacia Occidente, las refinerías en Estados Unidos (especialmente las del Golfo de Texas, adaptadas para crudo pesado y amargo similar al mexicano) buscan desesperadamente proveedores cercanos y seguros. México se vuelve un socio logístico clave,
la paralización de rutas marítimas globales demuestra una vez más el peligro de depender de cadenas de suministro transcontinentales. Esto incentiva a las empresas norteamericanas a acelerar la relocalización de sus plantas de producción hacia el norte y centro de México para asegurar el suministro terrestre.