La noche del 15 de septiembre reúne símbolos que difícilmente podrían separarse de la identidad nacional, algunos de ellos son el pozole, la música regional, el tequila y la cerveza. Sin embargo, detrás de las etiquetas que acompañan el brindis existe una historia financiera menos conocida. Gran parte de las marcas nacidas en México ahora pertenecen a corporaciones extranjeras.
Durante las fiestas patrias de 2025, la cerveza fue la bebida alcohólica preferida por 76 % de los mexicanos, mientras que el tequila, mezcal y pulque alcanzaron conjuntamente 53 %, de acuerdo con el estudio Mexicanidad de Kantar.
La identidad mexicana de una bebida, no obstante, puede analizarse desde diferentes perspectivas. Una marca puede haber nacido en el país, conservar su nombre, producirse en territorio nacional y utilizar materias primas mexicanas, aunque su propietario sea una compañía con sede en otro país.

La cerveza mexicana quedó concentrada en dos grupos extranjeros
Corona, Victoria, Modelo Especial, Negra Modelo y Pacífico son marcas ampliamente consumidas en México que forman parte del portafolio de Grupo Modelo, empresa controlada desde 2013 por Anheuser-Busch InBev.
AB InBev es una multinacional con sede en Bélgica y una de las mayores compañías cerveceras del mundo. Grupo Modelo reconoce que pertenece a este conglomerado y señala que cuenta con 17 marcas nacionales, entre las que también se encuentran León, Montejo y Barrilito.
El segundo gran portafolio del mercado sigue una historia similar. Tecate, Dos Equis, Indio, Sol, Bohemia, Noche Buena, Carta Blanca y Superior pertenecen a Heineken México, después de que las operaciones cerveceras de FEMSA se integraron al grupo neerlandés en 2010.
De esta manera, las cervezas industriales de mayor reconocimiento y distribución en México están concentradas principalmente en dos corporaciones extranjeras. Aunque, esto no significa que las bebidas hayan dejado de producirse en el país.
Grupo Modelo opera plantas cerveceras y otras instalaciones dedicadas a la fabricación de botellas, latas y malta, además de reportar cerca de 25,000 empleos directos en México. Por su parte, Heineken México cuenta con siete cervecerías, una maltera y más de 18,000 colaboradores.
Ambas compañías también continúan destinando capital a sus operaciones nacionales. Grupo Modelo anunció una inversión superior a 3,600 millones de dólares para el periodo de 2025 a 2027, mientras que Heineken comprometió aproximadamente 2,750 millones de dólares hasta 2028, incluyendo una nueva planta en Yucatán.
La inversión extranjera, por tanto, no eliminó la actividad productiva local. Las cervezas siguen elaborándose en México, generan empleo, demandan insumos y participan en una cadena que abarca desde los productores agrícolas hasta los comercios, restaurantes y centros de distribución.
Sin embargo, la propiedad sí determina quién controla las estrategias comerciales, las inversiones, el desarrollo de nuevos productos y el destino final de los beneficios obtenidos. También permite que las marcas mexicanas formen parte de redes internacionales de distribución y compitan en mercados a los que una empresa independiente podría tener mayores dificultades para acceder.
Es por ello, que en caso de buscar una alternativa 100 % nacional, se debe optar por una cerveza artesanal mediante productores independientes y regionales.
El tequila conserva más propietarios mexicanos
El tequila presenta una situación diferente, su producción está protegida mediante una denominación de origen y solamente puede realizarse en el territorio autorizado, que comprende los 125 municipios de Jalisco y determinados municipios de Guanajuato, Michoacán, Nayarit y Tamaulipas.
Esta protección significa que una compañía extranjera puede comprar una marca, pero no trasladar libremente la producción a otro país y continuar comercializando la bebida como tequila. El origen geográfico, las materias primas y el cumplimiento de la norma correspondiente permanecen vinculados con México.
De modo que, la industria también está menos concentrada que el mercado cervecero. Al cierre de 2024 existían 206 productores de tequila, 42,441 productores de agave y 2,991 marcas vinculadas con un fabricante autorizado, de acuerdo con el Consejo Regulador del Tequila.
Durante ese año se produjeron 495.8 millones de litros y se exportaron 400.3 millones. Estados Unidos recibió 334.9 millones de litros, por lo que concentró más de ocho de cada 10 litros enviados al exterior.

La dimensión alcanzada por el tequila y su aceptación en otros países explican el interés de las grandes empresas. Don Julio, por ejemplo, pasó completamente a manos de la británica Diageo en 2015. La misma compañía controla Casamigos, marca que adquirió en 2017.
Herradura y El Jimador pertenecen a la estadounidense Brown-Forman, propietaria también de Jack Daniel’s. La operación para adquirir Casa Herradura comenzó en 2006 y se completó en 2007, posteriormente, la multinacional continuó invirtiendo en las instalaciones ubicadas en Amatitán, Jalisco.
Sauza, Hornitos y El Tesoro forman parte del portafolio de Suntory Global Spirits, compañía perteneciente al grupo japonés Suntory.
A pesar de ello, no todas las marcas representativas siguieron este camino, una muestra es José Cuervo, que permanece bajo el control de Becle, empresa mexicana que cotiza en la Bolsa Mexicana de Valores y cuyo capital se mantiene mayoritariamente en manos de la familia Beckmann.
Becle también controla marcas como 1800, Gran Centenario y Maestro Dobel. El grupo constituye uno de los ejemplos más relevantes de capital mexicano dentro del mercado internacional de bebidas alcohólicas y se presenta como el mayor productor de tequila del mundo.
Determinar cuántas marcas tequileras son verdaderamente mexicanas desde la perspectiva de su propiedad requiere revisar individualmente a los titulares y accionistas de las casi 3,000 etiquetas registradas. Algunas marcas pertenecen directamente a productores nacionales, otras son fabricadas por encargo para comercializadores extranjeros, y varias forman parte de conglomerados internacionales.
Por esa razón, el nombre de la empresa productora que aparece en una botella no siempre permite conocer quién controla comercialmente la marca.

¿Una bebida deja de ser mexicana cuando cambia de dueño?
La propiedad corporativa es solo uno de los elementos que integran la nacionalidad económica de un producto. También deben considerarse el lugar de producción, el origen de las materias primas, los empleos generados, los impuestos pagados y la participación de proveedores nacionales.
En el caso del tequila, la denominación de origen garantiza que la bebida mantenga una relación productiva con México, independientemente de la nacionalidad de los accionistas. Esto permite que el valor de la producción alcance a agricultores, jornaleros, destilerías, fabricantes de envases, transportistas y otros participantes de la cadena.
Para la cerveza, esta carece de una protección de origen equivalente. Su identidad mexicana depende principalmente de la historia de las marcas, las recetas, las plantas y la relación construida con los consumidores. Aunque Corona o Tecate se elaboren en México, su propiedad intelectual y explotación comercial corresponden a sus respectivos grupos.
La discusión, entonces, no debe limitarse a decidir si una bebida es mexicana o extranjera. El análisis consiste en identificar cuánto valor permanece en México y cuánto es capturado por los propietarios de la marca.
Así, cuando los mexicanos levantan una cerveza o una copa de tequila para celebrar la Independencia, pueden estar consumiendo una bebida producida en México, con materias primas y trabajadores nacionales, pero cuya marca pertenece a inversionistas ubicados más allá de nuestras fronteras.