El manejo de las emociones en el entorno laboral dejó de ser un tema individual para convertirse en un factor determinante en la productividad y el funcionamiento de las empresas. Estados como el estrés, la ansiedad o la frustración no solo afectan el bienestar personal, sino que influyen en la calidad de las decisiones y en la dinámica de trabajo.
Mario Córdova, empresario, abogado y autor del libro Las emociones, en pocas palabras, explicó en entrevista para IDC, que el problema no radica en experimentar emociones negativas, sino en la incapacidad de gestionarlas de forma adecuada.
“Lo importante no es no sentir ansiedad, estrés o frustración, sino qué tan rápido te recuperas de ellas. El bienestar emocional es una técnica para salir más rápido de esos estados y no tomar decisiones desde el descontrol”, señaló.
El estrés condiciona la forma de decidir dentro del trabajo
Desde un enfoque fisiológico, el estrés sostenido modifica la manera en que el cerebro procesa la información. Altos niveles de cortisol generan estados de alerta que afectan la capacidad de análisis y favorecen decisiones impulsivas o defensivas.
“Cuando una persona está en alerta constante, su cerebro se prepara para reaccionar, no para analizar. Eso impacta directamente en la calidad de las decisiones, tanto en lo personal como en lo laboral”, mencionó Mario Córdova.
En contraste, la regulación emocional permite reducir esos estados y mejorar la claridad mental, lo que se traduce en decisiones más estratégicas y menos reactivas.
La regulación emocional se vuelve una competencia laboral clave
El valor profesional evolucionó, ser contratado en una empresa ya no depende únicamente de la formación académica o la experiencia, sino de la capacidad de gestionar emociones en entornos de presión.
Antes el valor de un profesional estaba en sus conocimientos y habilidades. Hoy eso suma, pero lo que realmente multiplica ese valor es la actitud y la forma en que se relaciona con el estrés y con otras personas. Este cambio responde a la necesidad de contar con perfiles que no solo ejecuten tareas, sino que mantengan estabilidad emocional en escenarios de incertidumbre, presión y toma de decisiones.
La incapacidad de gestionar emociones afecta productividad y relaciones laborales
El impacto del estrés no se limita al desempeño individual, también deteriora la comunicación, la colaboración y el ambiente de trabajo. De acuerdo con un estudio de EY, reveló que los empleados desean que sus líderes sean empáticos con sus necesidades, tanto profesionales como personales. En este sentido, se identificó que 9 de cada 10 trabajadores considera la empatía mutua con sus líderes aumenta la eficiencia.
Asimismo, 86% de ellos cree que la empatía fomenta la innovación y 81% piensa que los ingresos de la empresa pueden elevarse. Con este enfoque, las empresas están modificando sus criterios de evaluación y contratación, priorizando habilidades emocionales tanto en equipos operativos y mandos medios para generar un mejor ambiente de trabajo y compañerismo.
El reto para las empresas para integrar el bienestar emocional a la operación
Aunque el bienestar emocional ganó relevancia, el desafío principal es incorporarlo de manera efectiva en la cultura organizacional y no solo como discurso.
“El bienestar emocional no elimina los problemas. Los problemas van a seguir existiendo. Lo que cambia es cómo te relacionas con ellos y qué decisiones tomas a partir de eso”, mencionó Córdova.
En un entorno laboral cada vez más exigente, la regulación emocional se posiciona como un pilar para mejorar la productividad, fortalecer el liderazgo y sostener el desempeño organizacional.