Burnout y maternidad: El costo real de volver al trabajo
presencial
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Las nuevas dinámicas familiares y laborales obligan a replantear la forma en que las empresas gestionan el tiempo, el cuidado y el bienestar de su personal
En un país cuyas estructuras laborales continúan entre las más rígidas a nivel global y donde la incertidumbre económica parece incrementarse día con día, resulta evidente que los esfuerzos realizados por las familias para sostener su economía se han duplicado e incluso triplicado con el paso del tiempo.
Ante este panorama, surge una pregunta fundamental: ¿está preparado el modelo empresarial mexicano para garantizar un verdadero equilibrio entre la vida laboral y familiar de madres y padres?
En el marco de la aparente disminución de oportunidades laborales bajo esquemas de teletrabajo, se observa que, desde el 2025, las empresas han retomado gradualmente (e incluso inmediatamente) los modelos de trabajo presencial, bajo el argumento de que el distanciamiento físico ya no resulta necesario y ante la percepción, a veces subjetiva, de que “en oficina se trabaja mejor”.
Sin embargo, ello obliga a replantearnos si realmente estamos avanzando hacia modelos laborales más humanos y funcionales o, por el contrario, estamos retrocediendo respecto de las posibilidades que surgieron durante la pandemia para construir esquemas de trabajo más flexibles y compatibles con la vida familiar.
En otras palabras, ¿cómo podemos aspirar a nuevas prácticas laborales que garanticen un equilibrio entre la vida laboral y familiar cuando las puertas que comenzaron a abrirse hacia una mejor calidad de vida parecen cerrarse nuevamente paulatinamente?
Para comprender la dimensión de la problemática abordada, resulta indispensable atender el contexto social y estadístico actual. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2025 aproximadamente el 71.5 % de las mujeres de 15 años y más en México son madres. Asimismo, del total de mamás en el país, alrededor del 61.8 % participa activamente en el mercado laboral.
Además, el INEGI reporta que el 45.6 % de las madres trabajadoras labora entre 35 y 48 horas semanales, mientras que otro 17.4 % excede incluso los límites máximos de la jornada previstos por la Ley Federal del Trabajo.
Todo ello sin considerar las labores no remuneradas que, desproporcionadamente, continúan recayendo sobre las mujeres, particularmente aquellas relacionadas con el cuidado, la crianza y la atención de hijas e hijos.
Esto evidencia que la maternidad continúa desarrollándose dentro de un sistema laboral que, en términos estructurales, no fue diseñado para considerar las responsabilidades de cuidado que millones de personas ejercen diariamente.
La falta de adaptación y sensibilidad frente a esta realidad provoca que miles de madres y, cada vez más, padres enfrenten una carga física, emocional y mental difícilmente sostenible.
El problema no radica únicamente en la dificultad de equilibrar responsabilidades laborales y familiares, sino en que el modelo tradicional de trabajo continúa operando bajo esquemas incompatibles con las dinámicas familiares contemporáneas.
Ello no solo impacta la calidad de vida de madres y padres, sino que también repercute directamente en el derecho de niñas y niños a crecer con una presencia parental efectiva, estable y emocionalmente disponible.
Desde una perspectiva jurídica, esta discusión no debería limitarse exclusivamente a temas de productividad o eficiencia empresarial. Por el contrario, el equilibrio entre trabajo y familia debe entenderse como una cuestión estrechamente vinculada con derechos humanos fundamentales, tales como la dignidad humana, el derecho a la salud mental, la protección de la familia, el interés superior de la niñez y el derecho al cuidado.
El derecho laboral contemporáneo enfrenta el reto de evolucionar hacia modelos que promuevan una verdadera corresponsabilidad entre la vida profesional y la vida familiar. Para ello, resulta indispensable impulsar políticas laborales orientadas a la flexibilidad y a la construcción de culturas organizacionales más empáticas y humanas, contemplando, entre otras medidas:
horarios flexibles
esquemas de teletrabajo o trabajo híbrido
licencias parentales más amplias y equitativas, o
políticas efectivas de desconexión digital.
La implementación de estas medidas contribuyen a dignificar el trabajo, la maternidad y la paternidad activa, y ayudan a disminuir problemáticas relacionadas con la salud mental en el entorno laboral.
Esta reflexión cobra especial relevancia si se considera que México se encuentra entre los países con mayores índices de síndrome de burnout: padecimiento que impacta directamente la salud emocional, la productividad y la calidad de vida de los trabajadores.
La discusión sobre la conciliación entre trabajo y familia no puede entenderse como una prestación opcional o un beneficio accesorio otorgado por determinados empleadores. Actualmente constituye una necesidad social y jurídica impostergable que exige la adaptación de las estructuras laborales a las realidades familiares contemporáneas.
El verdadero reto del derecho laboral moderno consiste en reconocer que el bienestar de las personas trabajadoras y la protección integral de la niñez no son objetivos incompatibles con el desarrollo empresarial, sino condiciones indispensables para hacerlo sostenible en el largo plazo.