La lactancia necesita más que voluntad
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La lactancia puede implicar dolor, dificultades de agarre, baja producción percibida, recuperación de una cesárea, regreso temprano al trabajo, cansancio extremo, presión familiar e incluso prejuicio social
Cada agosto, la Semana Mundial de la Lactancia Materna vuelve a colocar sobre la mesa una práctica que suele presentarse como una decisión individual, cuando en realidad depende de condiciones médicas, laborales, familiares y emocionales. Decirle a una mujer que amamante es sencillo. Garantizar información confiable, tiempo, seguimiento profesional y un entorno libre de culpa es mucho más complejo.
En México, 95% de las niñas y los niños menores de dos años fueron amamantados alguna vez. Sin embargo, solo 34.2% de los menores de seis meses recibe lactancia materna exclusiva. Además, 27.2% consume fórmula comercial u otros líquidos desde los primeros días de vida. Estas cifras muestran que el inicio de la lactancia es frecuente, pero mantenerla bajo las recomendaciones de salud continúa siendo difícil.
El desafío no puede explicarse como falta de interés de las madres. La lactancia puede implicar dolor, dificultades de agarre, baja producción percibida, recuperación de una cesárea, regreso temprano al trabajo, cansancio extremo, presión familiar e incluso prejuicio social por alimentar a tu bebé en público. También puede convivir con ansiedad, tristeza, irritabilidad y una sensación de aislamiento que muchas mujeres callan por temor a ser juzgadas. Por eso, la asesoría de lactancia y la atención psicológica deben entenderse como partes de un acompañamiento.
La dimensión del reto es enorme. En 2025, México de las madres ocupadas, 45.6% trabajaba entre 35 y 48 horas por semana y 17.4% superaba las 48 horas. Hablar de lactancia sin considerar estas jornadas es pedir un esfuerzo individual frente a una barrera estructural.
A esto se suma el acceso desigual a la salud. El CONEVAL estimó que en 2022 cerca de 40% de las mujeres presentaba carencia por acceso a servicios de salud. La cifra no corresponde exclusivamente a madres, pero permite dimensionar el contexto en el que muchas atraviesan el embarazo, el puerperio y la lactancia. Cuando la orientación especializada depende de la capacidad de pago, la ubicación geográfica o la afiliación laboral, el derecho a decidir con información se vuelve un privilegio.
Los servicios de salud y las coberturas de maternidad, tanto públicas como privadas, necesitan incorporar asesoría de lactancia y atención psicológica con continuidad, no solo durante los primeros días después del parto.
Promover la lactancia significa construir condiciones para sostenerla cuando es posible y deseada. Significa también reconocer límites, escuchar a las madres y cuidar su salud mental. Esta semana no debería servir para repetir recomendaciones, sino para preguntarnos si estamos dando a las mujeres el apoyo que necesitan para vivir la maternidad con información, dignidad y autonomía.