Durante décadas construimos buena parte de nuestra vida profesional sobre una premisa que hoy empieza a perder vigencia: estudiar una carrera, adquirir determinados conocimientos y utilizarlos como base para desarrollarnos durante buena parte de nuestra trayectoria.
Este modelo funcionaba cuando los cambios tecnológicos, productivos y organizacionales ocurrían a otra velocidad. Hoy, la inteligencia artificial, la automatización y la digitalización están modificando no solo los puestos de trabajo, sino también las capacidades necesarias para desempeñarlos. El desafío ya no consiste únicamente en prepararnos para profesiones nuevas. También tendremos que aprender a ejercer de manera distinta muchas de las que ya existen.
El Foro Económico Mundial estima que 39% de las competencias que actualmente demanda el mercado laboral se transformará antes de 2030. En ese mismo periodo se proyecta la creación de 170 millones de empleos y el desplazamiento de otros 92 millones.
Estas cifras obligan a ampliar la conversación. El futuro del trabajo no puede analizarse solamente desde el temor a que la tecnología sustituya puestos. Hay un fenómeno menos visible y posiblemente más inmediato. La vida útil de nuestros conocimientos profesionales se está acortando.
La empleabilidad ya no termina en un título
México refleja bien esta paradoja. Para el tercer trimestre de 2026, 45% de los empleadores del país preveía aumentar su personal. Hay organizaciones dispuestas a contratar y oportunidades que continúan generándose, pero ese dinamismo convive con una rápida evolución de las capacidades que esas mismas compañías necesitan.
Por eso resulta necesario distinguir entre tener un empleo y mantener la empleabilidad. Lo primero describe una situación presente. Lo segundo depende de nuestra capacidad para seguir aportando valor cuando las herramientas, los procesos y las necesidades de una organización evolucionan.
Una persona puede acumular años de trayectoria y descubrir que parte de los conocimientos que la llevaron hasta ahí necesitan renovarse. Esto no resta valor al camino recorrido. Al contrario, abre la posibilidad de combinar lo aprendido con nuevas capacidades que permitan responder a un entorno distinto.
Hay un dato que dimensiona la velocidad del fenómeno. El 70% de las competencias que se exigirán en 2030 no existían en 2018. Si en poco más de una década puede modificarse de esa manera aquello que el mercado considera relevante, resulta difícil seguir entendiendo la educación como una etapa que concluye cuando comienza la vida profesional.
Esta realidad también obliga a las instituciones educativas a revisar su papel. Si los conocimientos adquiridos al comienzo de una carrera ya no bastan para acompañar toda una trayectoria, la universidad tampoco puede limitar su función a preparar a una persona para conseguir su primer empleo.
Esa reflexión está detrás de iniciativas como la que impulsamos actualmente desde la Universidad Internacional de Valencia (VIU), junto con el Organismo Internacional de Juventud para Iberoamérica (OIJ), con una convocatoria de 150 ayudas al estudio para candidatos de los 21 países miembros de la OIJ, incluidos profesionales mexicanos. El programa busca ampliar el acceso a maestrías oficiales online y otras alternativas de especialización en distintas áreas del conocimiento.
La relevancia de este tipo de iniciativas trasciende una convocatoria específica. Si continuar aprendiendo adquiere cada vez más peso para conservar la empleabilidad, también será necesario construir mecanismos que permitan hacerlo a lo largo de distintas etapas de la vida profesional.
Aprender también exige poder hacerlo
Reconocer la necesidad de actualizar conocimientos es apenas una parte del desafío. Quien ya se encuentra trabajando no siempre puede detener su carrera para volver a estudiar. Existen horarios, responsabilidades personales, distancias y barreras económicas que condicionan esa decisión.
Por ello, hablar de aprendizaje continuo implica también hablar de acceso. Las instituciones educativas deberán ofrecer modelos capaces de convivir con la realidad de quienes estudian mientras trabajan, mientras que las empresas tendrán que asumir un papel más activo en el desarrollo de sus equipos.
De hecho, 85% de las organizaciones prevé continuar capacitando a su talento frente a los cambios que vienen. Esto muestra que actualizar conocimientos está dejando de ser únicamente una decisión individual. Para las compañías también comienza a convertirse en una herramienta de adaptación y competitividad.
El reto tampoco consiste en aprender únicamente a utilizar inteligencia artificial o dominar la herramienta tecnológica del momento. La capacidad de adaptación, las habilidades blandas y la comprensión de la transformación digital cobran relevancia en ámbitos que van desde la salud y las energías renovables hasta los negocios, el marketing, la tecnología y las humanidades.
Algunas de las herramientas que hoy consideramos indispensables probablemente serán reemplazadas por otras. En ese contexto, una de las capacidades más valiosas será precisamente mantener la disposición y las condiciones para seguir aprendiendo.
Universidades, empresas, organismos y profesionales tendremos que asumir responsabilidades distintas frente al mismo escenario. Las organizaciones deberán generar oportunidades para desarrollar a sus equipos; las instituciones educativas, facilitar alternativas compatibles con nuevas realidades profesionales; y cada persona tendrá que reconocer que mantenerse vigente exigirá incorporar conocimientos a lo largo de su trayectoria.
Durante mucho tiempo entendimos la educación como la preparación necesaria para entrar al mercado laboral. El escenario que tenemos enfrente obliga a verla también como una herramienta para permanecer, evolucionar y encontrar nuevas oportunidades dentro de él.
Hacia 2030, muchos probablemente continuaremos ejerciendo profesiones que ya existen hoy. Lo que difícilmente permanecerá intacto será la manera de ejercerlas.
El verdadero reto no será adivinar cuáles serán los empleos del futuro, sino asegurarnos de que nuestras capacidades puedan llegar hasta ellos.