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Evacuar protege vidas, pero las empresas también deben anticipar interrupciones en sus servicios, proveedores y flujo financiero
Durante 2025 en México se registraron 39,983 sismos, de acuerdo con datos del Servicio Sismológico Nacional (SSN). Esta actividad permanente obliga a las empresas a prepararse no solo para evacuar de las instalaciones a todos los integrantes de la organización, sino también para recuperar sus operaciones después de una emergencia.
Esta preparación para salvaguardarse ante un sismo representa la participación de más de 37 millones de personas y 167,810 inmuebles a través del Primer Simulacro Nacional 2026. Sin embargo, para las organizaciones, el ejercicio debe extenderse a lo que puede ocurrir cuando termine la evacuación, es decir, saber cómo reactivar sus actividades económicas después de un siniestro.
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Un sismo puede detener una empresa sin dañar sus instalaciones
Un movimiento sísmico puede afectar simultáneamente oficinas, plantas, establecimientos y servicios como electricidad, agua o internet, aun cuando los inmuebles de la empresa no sufran mayores daños.
Por ejemplo, la suspensión de actividades de un proveedor, la falta de insumos, el cierre de vialidades o la caída de las telecomunicaciones pueden impedir que una organización continúe operando.
La magnitud del sismo no determina por sí sola sus consecuencias empresariales. También influyen la ubicación y las condiciones de los inmuebles, la dependencia de servicios esenciales, la concentración de operaciones en una sola sede.
Ante este panorama, las empresas necesitan identificar sus vulnerabilidades y establecer medidas antes de que ocurra una emergencia.
Cinco puntos de un plan de continuidad ante sismos
Contar con rutas de evacuación, brigadas y protocolos de primeros auxilios es indispensable, pero no sustituye un plan de continuidad. Este último debe establecer cómo recuperar los procesos fundamentales y qué alternativas utilizar cuando un recurso crítico deje de estar disponible.
Para ello, Marsh, el corredor de seguros y asesor de riesgos recomienda revisar los siguientes elementos:
- instalaciones y operaciones críticas: la empresa debe determinar qué procesos necesita recuperar primero, qué recursos requieren y cuánto tiempo pueden permanecer suspendidos sin ocasionar grandes daños
- planes de continuidad: los escenarios deben contemplar inmuebles temporalmente inaccesibles, interrupciones eléctricas, falta de agua, problemas de telecomunicaciones, afectaciones al transporte y la posibilidad de trabajar desde ubicaciones alternativas
- proveedores esenciales: la organización necesita conocer qué terceros pueden detener sus actividades, si cuentan con planes de recuperación y qué proveedores alternativos podrían atender una contingencia
- protocolos de comunicación: es necesario definir responsables, canales alternativos y mensajes dirigidos a trabajadores, clientes, proveedores y autoridades. La empresa también debe mantener directorios actualizados y accesibles fuera de sus instalaciones
- coberturas de seguros: conviene conocer las condiciones aplicables a daños materiales e interrupción de negocios, así como los deducibles, la valoración de activos y los procedimientos para presentar una reclamación.
Los simulacros también deben evaluar la recuperación
Además de medir los tiempos de evacuación, un simulacro empresarial puede utilizarse para revisar cuánto tardaría la organización en reanudar sus procesos, cómo localizaría a sus trabajadores y quién tomaría las decisiones durante la contingencia.
También permite comprobar si los respaldos de información son accesibles, qué actividades pueden realizarse a distancia, cuáles proveedores representan una dependencia significativa y cómo se comunicaría una suspensión temporal.
“Los simulacros permiten evaluar una parte de esta preparación. Sin embargo, para las empresas, el ejercicio también representa una oportunidad para preguntarse qué sucedería después de la evacuación”, explicó Martha Porcel, directora de Daños y Siniestros para Marsh Latinoamérica y el Caribe.
Los planes deben probarse periódicamente bajo escenarios distintos. Un documento que no asigna responsables, no contiene información actualizada o nunca se pone a prueba puede resultar insuficiente durante una emergencia.
Por ello, la continuidad del negocio no significa mantener todas las actividades sin interrupciones, sino proteger a los trabajadores, reducir las pérdidas y restablecer primero las operaciones indispensables frente a un desastre natural.
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