Ozempic adelgaza industria alimenticia, restaurantera y
hasta el erario
Créditos de la imágen: Imagen creada por Gemini Pro
Los fármacos GLP-1 están logrando lo que los impuestos no: reducir el consumo de comida chatarra. Conoce el impacto para la industria alimentaria y la inminente caída del IEPS para el SAT
Mientras que el gobierno mexicano impuso el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a la comida chatarra y los refrescos y el etiquetado frontal de sellos de la NOM-051 para moldear la conducta alimentaria del consumidor con resultados mixtos, el sector farmacéutico con el GLP-1, está logrando contraer la demanda de estos productos de forma orgánica.
A pesar de que esto podría verse como una buena noticia, para las finanzas públicas, el éxito en la reducción del consumo de ultraprocesados se traducirá inevitablemente en una menor recaudación por concepto de IEPS para el Servicio de Administración Tributaria (SAT).
A finales de 2025, la revista de la Asociación Americana de Marketing publicó el estudio titulado “Los Juegos del No-Hambre: Cómo la adopción de medicamentos GLP-1 está cambiando las compras de alimentos de los consumidores”, presentado por las doctoras Sylvia Hristakeva y Jura Liaukonyte de la Escuela Dyson de Economía Aplicada y Administración de la Universidad de Cornell, que demostró que la supresión biológica del apetito genera una contracción inmediata del gasto en la canasta básica y el sector restaurantero americano, con una visible correlación según el nivel de ingresos:

Entre los datos del estudio que más llaman la atención está la configuración de la demanda; es decir, la reducción del consumo no es homogénea y hay un impacto medido por categorías, donde los alimentos procesados son los menos adquiridos con este nuevo patrón de consumo.
Categorías con mayor impacto negativo y caída sostenida de ventas:
Categorías de crecimiento y oportunidades de mercado:
La nota del estudio de Cornell es que las categorías saludables con crecimiento no compensan en valor ni en volumen la caída de los alimentos procesados tradicionales; así que el balance neto para la industria alimentaria americana es de contracción. Lo que manda una alerta a otros mercados mundiales, como el hispano.
Un hallazgo crítico de este estudio para las proyecciones financieras de las industrias de alimentos y sector restaurantero es que a mediano plazo hay volatilidad en la permanencia del tratamiento:

Aunque la penetración comercial de estos fármacos en México se encuentra en una etapa mucho más temprana que en Estados Unidos —debido principalmente a los costos de tratamientos como Ozempic, Wegovy o Mounjaro—, el impacto se está sintiendo a través de dos frentes muy claros: la alta exposición de las multinacionales mexicanas al mercado estadounidense y la preparación anticipada del portafolio local.
Para enfrentar los retos, las empresas mexicanas con fuerte presencia en el extranjero están liderando la adaptación, pues ya observan el cambio de hábitos de primera mano en sus filiales americanas:

Para el mercado mexicano, la disrupción tiene una naturaleza dual. Por un lado, la baja de volumen representa un riesgo para los productos ultraprocesados tradicionales y las botanas saladas; por el otro, abre una enorme ventana de valor para los alimentos con “nutrición positiva” y alta densidad nutricional. Las marcas que dependan del consumo por impulso o de la venta por volumen calórico son las que enfrentan el mayor reto de adaptación en los próximos años.
En términos recaudatorios, los fármacos GLP-1 tienen el potencial de alterar la recaudación de impuestos en México en el mediano plazo (un horizonte de tres a siete años). Sin embargo, el impacto no será generalizado, sino que se concentrará de forma muy asimétrica en componentes específicos de las finanzas públicas.
El IEPS es el gravamen diseñado expresamente para desincentivar el consumo de bienes con externalidades negativas en salud o medio ambiente. Si los GLP-1 reducen la ingesta de calorías y modifican la conducta de compra -como lo demuestra el estudio de Cornell-, los dos pilares del IEPS no petrolero se verían directamente afectados:
A diferencia de otros países donde el Impuesto al Valor Agregado (IVA) se aplica parejo a los alimentos, la estructura fiscal de México genera un efecto amortiguador:
Si el mediano plazo trae una adopción de tratamientos GLP-1 (ya sea por compras del sector público a precios de volumen o por genéricos/biosimilares una vez que caduquen las patentes), la disminución en hospitalizaciones, diálisis y tratamientos cardiovasculares liberaría una presión fiscal enorme. A largo plazo, el Estado mexicano prefería perder un peso de IEPS si eso le ahorra cuatro pesos en atención médica intensiva.