La discusión sobre la reducción de la jornada laboral en México puso sobre la mesa nuevos desafíos para las empresas. Más allá del cumplimiento legal, las organizaciones deberán revisar la forma en que administran horarios, descansos, turnos y coberturas para mantener la continuidad de sus operaciones.
Uno de los principales riesgos es esperar hasta la aprobación definitiva de la reforma para comenzar los ajustes internos. Así lo advirtió Pablo Córdova, Business Development Manager de GeoVictoria en entrevista para IDC.
“Sentimos que hay un tema de tiempos. Las empresas en México están dejando su adaptación para el final. La reducción de la jornada no es solo un tema legal, también es un cambio operativo que implica reorganizar turnos, descansos, incidencias y coberturas”, explicó.
De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), jornadas extensas y esquemas laborales mal gestionados pueden impactar la salud física y mental de las personas trabajadoras, por lo que la correcta administración del tiempo laboral se vuelve un elemento clave en la transición hacia jornadas más cortas.
¿Por qué las empresas no deben esperar a que se apruebe la reforma?
La experiencia observada en otros países de Latinoamérica muestra que la adaptación requiere planeación previa y ajustes graduales. Por ello, Pablo Córdova explicó que en Chile, donde existe un proceso de reducción de jornada similar a México, diversas empresas comenzaron a realizar cambios antes de que la obligación entrara en vigor.
Las organizaciones con operaciones continuas, como manufactura, logística, retail, seguridad privada y salud, enfrentarán retos adicionales debido a la necesidad de mantener cobertura permanente de sus servicios. Por ejemplo, una tienda que opera durante 12 horas diarias no puede limitarse a reducir horas de trabajo sin replantear la distribución de turnos, descansos y relevos.
“Uno de los principales aprendizajes de otros países es que esta adaptación no puede dejarse para el último momento. No se trata únicamente de cumplir con la ley, sino de entender cómo puede impactar la operatividad del negocio”, señaló.
¿Qué papel tendrá el registro electrónico de asistencia?
Otro aspecto relevante será la capacidad de las empresas para demostrar el cumplimiento de la nueva jornada laboral. Aunque una organización reduzca efectivamente las horas trabajadas, deberá contar con mecanismos que permitan acreditar dicha situación ante una eventual revisión de la autoridad laboral.
En este contexto, los sistemas electrónicos de asistencia cobran relevancia debido a que permiten generar trazabilidad sobre horarios, descansos, cambios de turno, incidencias y horas efectivamente laboradas.
La experiencia de países como Perú, donde el registro electrónico de asistencia ya forma parte de las obligaciones empresariales, muestra la importancia de contar con información verificable y difícil de alterar.
“Puede ser que una empresa ya esté trabajando 40 horas con sus colaboradores, pero si lo hace mediante un papel que cualquier persona puede modificar, será difícil acreditar el cumplimiento. El sistema debe permitir trazabilidad y evitar alteraciones tanto del empleador como del trabajador”, comentó.
Además, las empresas con trabajadores en campo deberán evaluar herramientas adicionales como aplicaciones móviles, plataformas web o mecanismos de validación mediante reconocimiento facial y geolocalización al momento del registro.
¿Qué errores operativos pueden incrementar los riesgos de incumplimiento?
De acuerdo con GeoVictoria, plataforma de registro de asistencia y gestión de personal, existen diversas prácticas que podrían generar problemas operativos o laborales durante la transición hacia jornadas más cortas. Entre los errores más comunes destacan:
- no registrar correctamente los descansos semanales
- no compensar descansos derivados de rotaciones irregulares
- calcular incorrectamente los pagos de días feriados trabajados
- no documentar cambios de turno
- mantener controles manuales sin trazabilidad sobre asistencias y descansos
A ello se suman incidencias derivadas de la falta de adaptación de los trabajadores a los nuevos mecanismos de registro, especialmente durante los primeros meses de implementación.
Por otro lado, las organizaciones suelen enfrentar olvidos de marcación, registros incompletos o errores derivados del proceso de aprendizaje, por lo que resulta indispensable acompañar a los colaboradores durante la transición.
“Cuando ocurren eventos masivos o feriados no oficiales, observamos que la tasa de atrasos aumenta alrededor de 35% y el ausentismo cerca de 12%. Contar con información en tiempo real permite reorganizar la operación y reaccionar más rápido”, indicó.
Ante este panorama, recomendó a las empresas comenzar con pruebas piloto y diagnósticos internos para identificar áreas de mejora antes de la eventual entrada en vigor de la reforma. Esto permitirá que la reducción de la jornada laboral se implemente de forma ordenada, minimizando afectaciones operativas.