Vacaciones escolares: falta de cuidados a menores cuesta
dinero, tiempo y empleo
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Los periodos vacacionales obliga a las familias a pagar servicios, reorganizar jornadas o asumir directamente semanas adicionales de cuidados a menores
Para más de 23.3 millones de niñas y niños que cursan educación básica en México, las vacaciones representan una pausa de las actividades escolares. Sin embargo, para sus familias, el receso abre una pregunta que afecta la organización del hogar, los ingresos y la continuidad laboral: ¿quién se encargará de los cuidados mientras madres, padres y tutores continúan trabajando?
El calendario oficial contempla aproximadamente seis semanas de vacaciones, pero el periodo puede extenderse hasta diez semanas por cierres anticipados del ciclo escolar. Durante ese tiempo, las familias deben recurrir a redes de apoyo, cursos de verano, servicios privados o modificaciones en sus jornadas laborales.
Para Fernanda García, directora de Sociedad del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), advierte que la discusión suele pasar por alto el papel que desempeñan las escuelas dentro de la infraestructura nacional de cuidados. Cuando los planteles cierran, la responsabilidad no desaparece, sino que esta regresa a los hogares y recae principalmente en las mujeres.
Además de impartir educación, los planteles permiten que millones de madres, padres y tutores permanezcan durante varias horas en actividades laborales. Por ello, su funcionamiento debe analizarse también como parte del sistema de cuidados del país.
De acuerdo al primer Mapa de Cuidados, elaborado por el entonces Instituto Nacional de las Mujeres, El Colegio de México y ONU Mujeres, identificó 94,931 establecimientos de cuidados en México. Del total, 91% atiende a población infantil y corresponde principalmente a escuelas de preescolar y primaria, el 9% restante se dirige a personas mayores o con discapacidad.
Sin embargo, la cobertura y los horarios todavía resultan insuficientes para conciliar la educación con el empleo. La Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (Enasic), del INEGI, señala que 92% de la población de seis a 17 años asiste a la escuela, pero únicamente 5% cuenta con un plantel de horario extendido.
Entre niñas y niños de cero a cinco años, la cobertura de educación inicial y preescolar se reduce a 45%. A ello se suma que las primarias públicas suelen operar de las 8:00 a las 12:30 horas en el turno matutino o de las 13:30 a las 18:00 horas en el vespertino, jornadas difíciles de compatibilizar con empleos de ocho horas y los tiempos de traslado.
Fernanda García plantea que, cuando las clases terminan al mediodía o se suspenden por consejos técnicos, fenómenos climáticos, violencia, manifestaciones u otros acontecimientos, las familias deben reorganizar nuevamente los cuidados.
El costo no se limita al pago de una guardería o un curso de verano, también incluye permisos laborales, reducción de jornadas, días de vacaciones utilizados para cuidar, pérdida de ingresos y, en algunos casos, la salida temporal del mercado de trabajo.
Las familias con redes de apoyo pueden recurrir a abuelas, abuelos u otros parientes. Quienes no cuentan con ellas deben contratar servicios privados o ajustar sus actividades laborales. Esta presión continúa distribuyéndose de manera desigual.
De acuerdo con Estados #ConLupaDeGénero 2026, del IMCO, aunque 17 entidades redujeron la desigualdad en el trabajo no remunerado, las mujeres todavía destinan, en promedio, 58% más tiempo que los hombres a estas actividades. La diferencia supera 60% en Guanajuato y Chiapas.
Asimismo, un sondeo realizado por la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) en 2019 permite dimensionar históricamente el gasto asociado con los servicios privados de guardería. De los 700 establecimientos consultados, más de 60% cobraba entre 1,001 y 2,000 pesos mensuales por el servicio básico.
Además, 52% solicitaba una cuota de inscripción y, en más de 35% de los casos, esta se ubicaba entre 1,001 y 2,500 pesos. El 42% de los establecimientos con horario fijo cubría entre seis horas y media y ocho horas diarias.
El estudio se concentró en servicios para menores de dos años y niñas o niños de dos años, por lo que tampoco equivale al costo de los cursos de verano para estudiantes de primaria. No obstante, muestra que contratar cuidados ya representaba un gasto adicional para los hogares desde 2019. Debido al tiempo transcurrido, los precios actuales podrían ser considerablemente mayores si los establecemos a 2026.
Entre las acciones para impulsar una política de cuidados, el Gobierno de México anunció que durante 2026 se construirán 200 Centros de Educación y Cuidado Infantil (CECI), de los cuales se tenían 150 terrenos validados. El proyecto forma parte de la construcción de un Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados.
La meta para 2030 es alcanzar mil centros en 507 municipios y crear medio millón de espacios para niñas y niños de entre 43 días y tres años. Los CECI estarán ubicados cerca de centros laborales, desarrollos habitacionales del Infonavit y Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar.
El plan contempla construir otros 250 centros en 2027 y 200 adicionales por año entre 2028 y 2030. Paralelamente, la Secretaría de las Mujeres y el Sistema Nacional DIF presentaron el Sistema de Información de Cuidados (SIDECU), plataforma destinada a mapear la oferta pública disponible. En una primera etapa se identificaron 118,618 centros de cuidados operados por 17 instituciones federales.
Estas acciones pueden ampliar la cobertura para la primera infancia y facilitar la incorporación o permanencia laboral de las madres. Sin embargo, al dirigirse principalmente a menores de tres años, no resuelven por sí solas el cuidado de la población que cursa educación básica durante las vacaciones.
Por ello, se requiere complementar los nuevos centros con escuelas de horario extendido, programas vacacionales públicos y medidas empresariales de apoyo que reduzcan el impacto al gasto del hogar y de las madres trabajadoras.