“La productividad y la seguridad en los negocios ya no se miden por buenas intenciones, sino por el estricto cumplimiento y la validación de las competencias del capital humano", aseguró Irasema González Valencia, especialista en desarrollo de talento y gestión por competencias y autora del libro “Profesionalización y competencias laborales, un camino hacia el éxito.”
En entrevista para IDC, Irasema González explicó cómo el fenómeno del nearshoring dejó de ser un simple tema de inversiones en infraestructura industrial para convertirse en un desafío de certificaciones obligatorias.
En el entorno competitivo actual, contar con un equipo de trabajo validado por el Consejo Nacional de Normalización y Certificación de Competencias Laborales (CONOCER) es la diferencia entre la rentabilidad y las multas millonarias.
Estándares de calidad y el fin de los errores operativos
"El 15% de la productividad operativa cuando se certifica, aumenta. También disminuyen los retrabajos y se ha comprobado que entre el 80% y 90% de los accidentes laborales están relacionados con que no se aplican los protocolos adecuados", aseveró Irasema González.
Para las empresas que buscan un blindaje preventivo y un verdadero Tax Compliance, la certificación laboral es el mecanismo idóneo para estandarizar los procesos contables, jurídicos y de seguridad.
La especialista enfatizó que los estándares del CONOCER permiten aplicar de forma fidedigna los manuales de operación que exigen sectores críticos como el alimentario, el turístico y el de manufactura.
En el contexto actual, no basta con capacitar de manera genérica o superficial; la autoridad fiscal y laboral exige que el fondo del conocimiento esté plenamente validado por un tercero experto y que se pueda demostrar que se tiene el conocimiento y/o habilidades que se dice tener.
La urgencia de actualizar estos perfiles responde a que la tecnología y las normativas avanzan de manera acelerada, por esta razón, la autora del libro de competencias laborales estableció que las certificaciones deben realizarse y revisarse cada dos años. Además de no ser vistas como un gasto operativo, sino como una inversión.
Empleabilidad y cómo retener al talento
"A las empresas también les permite que no haya fuga del conocimiento... el trabajador se siente reconocido de que está haciendo su trabajo bien, genera también lealtad con la empresa... y no va a haber fuga porque los trabajadores certificados se quedan en esa empresa con estos protocolos ya establecidos", detalló.
Un temor recurrente y un error de percepción entre los patrones es asumir que al invertir en certificar a sus colaboradores, estos se irán de golpe a la competencia en busca de un mayor salario.
La realidad demuestra todo lo contrario: la certificación genera un efecto psicológico de pertenencia y lealtad institucional. Aunado a que ante los procesos de reclutamiento ordinarios, exhibir un certificado con fecha cierta y validez legal le ahorra a la organización tiempo y recursos financieros, sirviendo como la prueba de que el aspirante domina sus funciones sin necesidad de una supervisión inicial exasperante y disminuye el onboarding de tres meses a solo unas horas.
La Ciudad de México encabeza el listado de personas certificadas debido al volumen de la población, aunque estados del norte del país han comenzado a absorber dichas prácticas con velocidad.
La especialista agregó que para las Pequeñas y Medianas Empresas (PyMEs) existen mecanismos de apoyo directo de la Secretaría del Trabajo para disminuir los costos de certificaciones.
"Para muchos trabajadores, obtener una certificación laboral representa salir de la sombra porque algunos no tuvieron la oportunidad de tener una educación formal, y con el certificado se les está reconociendo que hacen su actividad de acuerdo a un estándar de calidad avalado por la SEP y por el CONOCER; ese reconocimiento es lo que genera valor real y fidedigno para el negocio", concluyó Irasema González.